LOS DISCURSOS E INTERVENCIONES DE RICARDO LAGOS E, SON DIGNOS DE GUARDAR Y ESTUDIAR POR LOS NUEVOS POLITICOS.

viernes, 15 de agosto de 2008

DISCURSOS E INTERVENCIONES DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

CAPITULO II

 

DISCURSOS  E INTERVENCIONES DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

D.RICARDO LAGOS ESCOBAR AÑO 2001

 

 

ENERO 2001

 

1.      TÍTULO: ASISTE A LA OBRA DE TEATRO EL HÚSAR DE LA MUERTE PALABAS DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, RICARDO LAGOS, AL INAUGURAR OBRA DE TEATRO “EL HUSAR DE LA MUERTE

 

SANTIAGO, 2 de enero de 2001

 

En primer lugar, estoy feliz que estén acá. No estoy seguro si estamos haciendo un hito histórico, primera vez que se da una obra de teatro acá en La Moneda, salvo aquellos que piensen que los que aquí trabajamos todos los días hacemos un poco de teatro. Pero sí quiero decirles que me alegra estar inaugurando esta actividad aquí en el primer día de trabajo del año 2001.

 

El 2000, miro para atrás, creo que fue un buen año cultural, hicimos algunas cosas, quedaron muchas por hacer y eso es lo que da fuerzas para las tareas que tenemos que hacer ahora. El 2000 hubo un auge para la cultura en Chile, un auge que está acorde con lo que hemos dicho: la cultura no es un aderezo, no es un complemento al desarrollo; la cultura está en el centro del desarrollo para hacer un país de verdad. El solo crecimiento de la economía es muy importante, pero lo que le da el alma a lo que una sociedad hace, se hace a partir de un espacio para la cultura.

 

Y por eso estoy contento que hoy día este “Teatro a Mil” comience aquí en el Palacio de La Moneda, con todos ustedes como los invitados de honor.

 

Es cierto, avanzamos en abrir esta Moneda y comenzamos con un Día del Patrimonio Cultural, avanzamos con un Día del Libro, en donde la fuerza de tantos lo hizo posible, avanzamos con el Día del Cine, avanzamos con los Cabildos Culturales a lo largo y a lo ancho del país, con un Di Girólamo siendo el motor fundamental de aquello.

 

El auge cultural se vio en muchas cosas. Tuvimos 13 largometrajes en el cine. Mucho tiempo que en un año no había 13 largometrajes. Por cierto, mucho tiempo que no teníamos 100 obras teatrales inauguradas en un año, como fue lo que hicimos el año 2000.

 

Hicimos otras cosas. Pretendimos rescatar patrimonio, presentando iglesias de Chiloé para que la UNESCO las declare patrimonio común y tenemos otras pendientes, como el pequeño pueblito de Sewell o algunas oficinas salitreras, o el Puerto de Valparaíso. Aquí, todo esto se ha hecho con participación de muchos, de muchas, con empuje, con tesón, con entusiasmo, con la sensación que de nosotros depende. Este mismo festival, que con paso cada vez más seguro se acerca ya a los 10 años, en esta octava versión que nos parece importante.

 

Quisiera decir también que lo que estamos haciendo para tener un Consejo Nacional de Cultura, un Fondo Nacional de Desarrollo Cultural, que son los instrumentos que queremos tener para que efectivamente la cultura esté en el centro de nuestras preocupaciones. Lo que dije como candidato se va a hacer y vamos a terminar estos 6 años habiendo más que duplicado los fondos que, desde el aparato del Estado, se entregan para el desarrollo cultural. Ese fue mi compromiso, comenzamos el 2001 y vamos a continuar en el resto de los años que nos quedan por delante para tener un espacio fundamental.

 

Estoy consciente que, si queremos tener cultura, el mercado es importante, pero mucho más importante es una política cultural desde la sociedad y la sociedad se expresa en el Estado. Los fondos que aquí habrá para el desarrollo de la cultura permiten garantizar también la independencia de la creatividad y la libertad cultural. De eso se trata y para eso vamos a luchar todos juntos.

 

Aquí, en este festival, es parte del desarrollo que hemos tenido, de lo que se ha hecho en los últimos años. Carmen explicó muy bien cuál ha sido el avance que ha habido y el avance que ha habido también es por la capacidad que Romero y Campbell Producciones han sido capaces de mostrar en estos años, con mucho tesón, con mucho empuje.

 

Estoy de acuerdo y escuché el mensaje. No se trata solamente de agradecer los subsidios de todos ustedes al desarrollo de la cultura. A lo mejor tenemos que hacer también un pequeño subsidio desde el Estado para que la cultura avance más rápido.

 

Y aquí, ¿qué quieren que les diga?, estamos contentos que obras chilenas, como las “Patas de Perro”, como el “Nemesio, pelado, qué te ha pasado”, como el “Cinema Utopía”, se vayan a expresar aquí. También estamos igualmente orgullosos que otras obras que vienen de otros lugares, de Cuba, de Francia, de España, de Bolivia, de Argentina, de Brasil, de Uruguay, estén aquí con nosotros.

 

Yo sé, y quiero agradecer a todas las compañías y felicitar a las compañías independientes que llegan hasta aquí con sus montajes, en especial las extranjeras, llegan aquí en el inicio del verano, cuando nuestro cielo es un poquito más azul, y cuando a la vez nuestra vegetación crece y se pone un poco más verde y que se perfuma a ratos el aire de nuestras ciudades.

 

Gracias por sumar ese perfume de belleza que ustedes van a aportar a lo que desde aquí se puede hacer. Gracias por enriquecer la cultura de nuestro país que, como todos los países aquí representados, queremos todos ser un interlocutor cultural en un mundo que se globaliza, pero queremos ser interlocutor cultural porque no queremos ser un mero receptor de lo que pasa en otras latitudes. Si nos globalizamos, globalicémonos en serio. Recibimos de fuera, pero también, con la misma fuerza queremos tener la capacidad para, con nuestras raíces y nuestra cultura, también ser interlocutores en un mudo global. Queremos recibir, pero también queremos dar. Y este festival, las obras que aquí se hacen desde Chile y las que llegan desde fuera, son un buen ejemplo.

 

Por tanto, estamos en un buen momento, tenemos razón para alegrarnos y quisiera decirle Paulina Urrutia que sí, en esta casa hay espacio también para los sueños. Como dije cuando asumí la Presidencia, desde ese balcón que mira a la Plaza de la Constitución muchos Presidentes han planteado la capacidad de soñar a Chile, con sus visiones y sus esperanzas de lo que quieren hacer. Ahora llegan ustedes acá, actores, actrices, dramaturgos, con sus sueños y sus esperanzas.

 

De eso se trata: cómo generamos un país, una sociedad capaz de interactuar con el mundo y con los que nos visitan de fuera. Pero, más importante, cómo generamos un país que vuelve a tener la capacidad de soñar, de creer que las utopías son posibles, porque no es cierto lo que leí ayer: aquí no hay funeral de expectativas, acá hay expectativas que dependen de nosotros hacerlas realidad. Por eso estamos aquí, bienvenidos a esta cada y que ahora empiece la función.

Muchas gracias.

             

2.      TÍTULO: MENSAJE A LA NACIÓN SOBRE RESULTADOS MESA DE DIÁLOGO DISCURSO DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, RICARDO LAGOS, SOBRE INFORMACIÓN Y ENTREGADA  DOCUMENTO POR LA MESA DE DIALOGO

SANTIAGO, 7 DE ENERO DE 2001

 

Chilenas y chilenos;

 

Esta noche quiero hablarles a todos los chilenos, a los chilenos de siempre. Esta noche quisiera que mi voz llegara más allá de los que me apoyan o que tienen una posición distante de mi Gobierno. Quisiera que mi voz llegara a través del tiempo para alcanzar a los chilenos de ayer y a los de mañana. A los que ayer se fueron defendiendo sus ideales, a los chilenos de mañana que serán los legatarios de nuestras obras, de nuestros aciertos, de nuestras equivocaciones.

 

Sé que hoy la gran mayoría de mis compatriotas tienen un estado de ánimo de expectación y también de esperanza.

 

Expectación, por lo que llegaremos a conocer; esperanza para que avancemos después de conocida la verdad unidos tras un destino común.

 

Como ciudadano de este país yo también comparto este doble estado de ánimo de expectación y esperanza. Viví -como muchos chilenos los trágicos hechos que el país sufrió a partir de 1973 y también anhelo que el país ponga sus mayores talentos y energías en un futuro que pueda unirnos tras metas dignas para nosotros, para nuestros hijos.

 

Como Presidente de la República tengo el deber constitucional y moral de poner todo lo que esté de mi parte para avanzar en la búsqueda de la verdad y reforzar un clima de unidad. Durante estos meses he pensado en este momento, en esta responsabilidad que recae sobre mis hombros, les pido que confíen en mí, que me ayuden a tomar las decisiones correctas. Debo ser justo y consecuente. Es difícil; lo intentaré con todo lo que hay en mí.

 

Hoy vivimos un momento crucial en la lucha por hacer que se respeten los derechos humanos; una larga lucha que se remonta al instante mismo en que se produjeron las primeras y masivas atrocidades.

 

Lo alcanzado es el fruto de un muy largo camino. Gracias a la acción abnegada y generosa, heroica a ratos, de muchos compatriotas que inspirados por el inolvidable testimonio del cardenal Raúl Silva Henríquez, abrazaron desde el primer momento la causa de los derechos humanos y la defensa de la vida. Muchos de los que en estos días, aquí en este Palacio, colaboraron conmigo analizando la información que recibí, comenzaron este trabajo hace 27 años en el Comité Pro Paz. A ellos, a las instituciones, a las agrupaciones que canalizaron su acción, el país les debe gratitud. Gracias por ello.

 

Una vez que reconquistamos la paz, que iniciado el camino hacia la democracia, la Comisión Rettig fue el primer gran esfuerzo para dar cuenta de la verdadera dimensión del drama de lo que había ocurrido, del drama de los detenidos-desaparecidos.

 

Ese largo trayecto es el que permitió, en 1999, instalar la Mesa de Diálogo en la que se asumió el compromiso de buscar la información, esa información que hace dos días, el viernes 5, me fue entregada en relación con nuestros compatriotas detenidos-desaparecidos.

 

Este trascendente compromiso sólo fue posible porque, en un acto de coraje y generosidad, representantes de los abogados de los derechos humanos, de instituciones morales, de las víctimas y de las Fuerzas Armadas y de Orden, dieron el paso de sentarse juntos y hacer frente a la verdad que había que buscar.

 

Así también lo entendió el Congreso Nacional que, con el acuerdo todos los sectores, aprobó la legislación que permitió la existencia de esta oportunidad única para acercarse a la verdad.

 

Lo que hoy tenemos es el resultado de ese compromiso que es una importante información sobre nuestros detenidos-desaparecidos entregada por primera vez por las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, así como por las instituciones religiosas y éticas que estuvieron también presentes en dicha Mesa.

 

La información que he recibido es cruda y dolorosa; una información que habla de muerte, sepulturas, sepulturas clandestinas, cuerpos arrojados al mar, a los lagos y a los ríos de Chile.

 

Esta información, dura como es, será de gran utilidad para que la Justicia pueda esclarecer un número cercano a 180 personas detenidas desaparecidas que estarían muertos y de los cuales 130 estarían en el mar, ríos y lagos; 20, cuyos nombres se ignoran, estarían en una fosa aquí en la Región Metropolitana.

 

Esta es la información que he entregado ayer a la excelentísima Corte Suprema, con el fin de que ella disponga el inicio de las investigaciones correspondientes que permiten aclarar, calificar y sancionar jurídicamente los hechos y conductas que tal información se refiere.

 

Serán entonces las resoluciones judiciales, las del poder judicial que en su momento se dicten las que establecerán la certeza sobre estos antecedentes recibidos.

 

En todos estos años, estos largos 27 años, 171 casos de detenidos-desaparecidos se habían aclarado y sabemos su paradero para tranquilidad de sus familiares. Hoy, si esta información es efectiva como esperamos, será la información más importante recopilada en todos estos años. Sin embargo, lo que quisiera decir esta noche es que, más que número, lo que trasciende es el reconocimiento de los altos mandos de las Fuerzas Armadas que han asumido que Chile no puede mirar hacia el futuro sin despejar las deudas del pasado.

 

Por ello, los altos mandos señalan que los hechos que condujeron a la violencia política no deben repetirse en nuestro país. Y, más importante, que comparten el dolor que dichos actos causaron y que estiman indispensable que la sociedad en su conjunto sea capaz de asumir sus responsabilidades y superar sus diferencias.

 

Los uniformados de hoy han debido responder por los de ayer, recuperando así ante la gran mayoría de sus compatriotas el sentido profundo del honor, inherente a la vocación militar.

 

Respecto a la información entregada, hago mía la recomendación de la Mesa de Diálogo y por ello le solicité ayer al Presidente de la Corte Suprema que se de la máxima celeridad a la tramitación de las causas judiciales para llevar pronto tranquilidad a todos, en particular a los familiares.

 

Junto con recibir esta información y entregársela a la Corte Suprema, quisiera señalar que he dispuesto que los antecedentes en relación con cada caso en particular sean entregados personalmente y en forma privada a los familiares directos de las víctimas; de esta manera traeremos tranquilidad, aunque dura y difícil, a aquellos que aparecen más interesados.

 

La gravedad de la información me ha producido un profundo dolor, como estoy seguro le producirá en cada uno de los hijos de esta tierra. Porque la verdad, tal como ahora ha sido reconocida, es difícil de sufrir.

 

Este camino hacia la verdad enaltece al país y a sus instituciones, nos devuelve el respeto que nos debemos unos a otros y que también nos merecemos como nación.

 

Nadie habría querido un dolor semejante. Pero es preciso no olvidar que el dolor también hermana a los seres humanos.

 

Espero que el dolor de los hechos que hemos conocido, nos transforme en un motivo de fraternidad y nunca más en una razón para el enfrentamiento.

 

La verdad que tenemos hoy permite a muchos iniciar un duelo que estaba pendiente desde hace muchos años. Hoy tal vez comenzamos un duelo en Chile, será un duelo diferente para distintos sectores de nuestra Patria. Un duelo que depende del lugar donde nos tocó estar cuando se produjeron estos trágicos episodios negros de nuestra historia. Algunos podrán hacer ahora el duelo al saber finalmente, después de tantos años, donde están sus seres queridos, podrán darles digna sepultura como corresponde.

 

Para otros, el duelo se hará al conocer el trágico destino que sufrieron sus familiares, pero no podrán sepultarlos porque –en un acto que nos estremece a todos- sus cuerpos fueron lanzados al mar. Para otros, el duelo seguirá pendiente: sus deudos aún no aparecen. Más de 600 detenidos-desparecidos todavía no sabemos donde están.

 

Las instituciones armadas harán el duelo que supone atreverse a mirar la verdad reconociendo los horrores cometidos por miembros de sus filas. Y habrá también un duelo como país que va conociendo de frente, sin subterfugios, sin eufemismos que consuelan, la magnitud de la tragedia que vivimos en la década del 70. Cada uno hará el duelo que le corresponde.

 

En la vida de cada uno de los que fuimos protagonistas de esos sucesos, ya no queda suficiente tiempo para acabar con todos los dolores y dulcificar todos los recuerdos.

 

A todos nos queda la historia, los años que vienen, para ayudarnos a amar la memoria de nuestros hermanos. Estos muertos son hijos de todas nuestras madres.

 

Ha sido largo y difícil el camino que la sociedad chilena ha debido recorrer para llegar a un momento como éste. No es el final del camino, pero sí una etapa decisiva a la que nos costó mucho llegar.

 

Debemos agradecer a las personas que dieron la información que hoy disponemos y también a las instituciones que la recogieron y la pusieron en mis manos.

 

Quiero en este momento sí lamentar que algunas personas que teniendo información hayan callado ignominiosamente. Frustraron el anhelo de familias de chilenos que esperaban de ellos el dato necesario para saber la suerte de sus seres queridos. No renuncio a la esperanza de que sus conciencias, que sus conciencias, hablen y alivien el dolor de muchos.

 

Sé que la información que hoy entrego al país, si bien es importante, es todavía insuficiente. A lo mejor podríamos haber avanzado más, podemos hacer todavía un esfuerzo mayor. Chile está en condiciones de pedir a sus hijos, por el bien de la patria, que seamos valientes y nos atrevamos a seguir avanzando por el camino de la verdad.

 

Por eso hoy aquí, esta noche, llamo una vez más a quienes puedan ayudar en la búsqueda de la verdad, para que entreguen información, la que ellos han guardado tantos años, la entreguen a los Tribunales de Justicia, a la Oficina de Reparación o a las instituciones morales que nos han ayudado. Por su parte, el Gobierno que presido, a través de la Oficina de Reparación, seguirá acompañando y ayudando a los familiares en la búsqueda del destino de los detenidos-desaparecidos.

 

Quiero hoy valorar la fortaleza y el coraje de nuestras instituciones armadas –particularmente el Ejército de Chile- que han tenido en la etapa que estamos viviendo. Han tenido fortaleza y coraje, merecen mi reconocimiento y el del país. Una fortaleza y un coraje –permítanme decirlo- que no borra lo ocurrido, pero cuyo reconocimiento muestra de una manera muy clara la sincera reprobación de tales crímenes, la absoluta disposición a que nunca vuelvan a repetirse en nuestra patria.

 

Chile hoy se enfrenta a la verdad con la determinación de todos sus hijos. Debemos estar orgullosos de esto. Quisiera hoy decir aquí, con humildad, pero con fuerza: son muy pocas las naciones que vivieron en algún momento de su historia tragedias parecidas a la nuestra y que fueron capaces de llegar a donde nosotros hoy estamos llegando.

 

Por eso siento orgullo de presidir a Chile. Orgullo de sus actuales habitantes. Orgullo de sus instituciones. Orgullo también por las vidas de quienes desaparecieron en circunstancias que hoy estamos en mejores condiciones de aclarar.

 

Orgullo de sus familias, de las agrupaciones de familiares de detenidos-desaparecidos que se formaron para perseguir esos dos bienes indispensables: ellos querían, y con razón, encontrar la verdad y la justicia y hoy estámos más cerca.

 

Hoy es un día en que estas agrupaciones deben sentir también que han dado un paso muy importante, que su lucha no fue en vano.

 

Al concluir mis palabras, quiero pedir a todos mis compatriotas una actitud de respeto y de reflexión profunda, que sepamos valorar lo que hemos logrado más allá de los números, nos hemos acercado a la verdad y los tribunales hoy están más cerca de hacer justicia.

 

Avanzamos como país hacia la reconciliación sin clausurar la memoria y sin renunciar tampoco a nuestros sueños. Sabiendo lo que nos ha ocurrido y teniendo la mirada adelante, en la construcción del porvenir. Muchas gracias, buenas noches.

 

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