LOS DISCURSOS E INTERVENCIONES DE RICARDO LAGOS E, SON DIGNOS DE GUARDAR Y ESTUDIAR POR LOS NUEVOS POLITICOS.

viernes, 15 de agosto de 2008

DISCURSOS DEL PRESIDENTE LAGOS DE MAYO 200O

MAYO 2000

 

1.      TÍTULO: DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO. DISCURSO DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, D. RICARDO LAGOS ESCOBAR, CON MOTIVO DE LA CELEBRACION DEL

DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO

CHUQUICAMATA, 1º de Mayo de 2000

 

Trabajadores y trabajadoras de Chile:

 

Con mucha satisfacción hoy me dirijo a todos ustedes y a sus familias, a sus mujeres, a los jóvenes, a los niños que nos acompañan. Lo hago desde aquí, desde esta tierra donde el movimiento sindical ha hecho historia, aquí fueron muchos los que antes que ustedes, dirigentes de hoy, con gran esfuerzo fueron esenciales para forjar un movimiento sindical que abriera espacio a la esperanza y permitiera que los trabajadores mejoraran sus condiciones de vida.

 

Me dirijo desde aquí, desde este mineral, que como ustedes lo recordaban, es pieza fundamental en la riqueza de Chile. Me dirijo desde aquí para invitar a todos los trabajadores y trabajadoras a que ahora juntos podamos promover el desarrollo de las empresas y la economía, podamos abrir espacio a la esperanza de una sociedad mejor, que hace de la salud y la educación los bienes esenciales del hombre, bienes que están al servicio de cada uno de sus hijos.

 

Por eso hoy, al saludar a los trabajadores de esta tierra, lo hago por el esfuerzo diario que entregan, por sus capacidades, su creatividad, y al saludar especialmente a los trabajadores del cobre, a los trabajadores de Chuquicamata, lo hago porque veo en cada uno de ustedes la forma de enfrentar hoy las tareas de este siglo que estamos iniciando. Fueron ustedes, los trabajadores del cobre, los que con los ejecutivos de la empresa fueron esenciales para establecer una alianza estratégica que definiera las grandes bases por las cuales Codelco podría afrontar los días difíciles, como los que tuvimos recientemente con la baja del precio del cobre.

 

Aquí ustedes, a través de esa alianza estratégica, fueron capaces de avanzar primero en reducir costos, en aumentar productividad y establecer ahora un camino claro y definido para que el cobre siga siendo un pilar fundamental en el desarrollo de Chile.

 

Lo que dije en la campaña presidencial lo reitero hoy: es esencial que Codelco siga siendo la gran empresa de Chile. Continuaremos con la alianza estratégica y con el plan de desarrollo minero de largo plazo. Se harán en mi gobierno las inversiones indispensables para que Codelco aumente su productividad, los trabajadores continúen entregando el esfuerzo cotidiano y Codelco siga siendo la primera empresa pública de Chile. Tres mil millones de dólares serán el compromiso de la inversión en los seis años de mi Gobierno.

 

Aquí estamos reconociendo lo que ustedes han hecho por el avance de Codelco y de esta empresa, pero también lo que ustedes han hecho en su momento por la recuperación de la democracia de Chile, al igual que la totalidad de los trabajadores.

 

Mi reconocimiento como Presidente de Chile a cada uno de ustedes, trabajadores de mi Patria, que fueron esenciales para recuperar la democracia y que hoy en democracia y libertad definamos las tareas que tenemos que abordar todos juntos en el ámbito laboral.

 

Por eso hoy, al celebrar este 1º de mayo, quiero decir que lo iniciamos con un Chile que tiene que enfrentar un mundo distinto. Los desafíos que ustedes bien conocen aquí, son los desafíos que se expresan a lo largo de un país que está inserto en un mundo global y competitivo. Tenemos que ser capaces de participar de este proceso acelerado de globalización económica, donde se derriban las fronteras del comercio, donde circulan cada vez más libremente los bienes. Tenemos que ser capaces de enfrentar aquello con imaginación y creatividad. Tiene que haber flexibilidad laboral en un mundo global y competitivo, pero el costo de la flexibilización no lo tienen que pagar los trabajadores.

 

Por eso he enviado un proyecto de reforma laboral en virtud del cual el seguro de cesantía permitirá que si hay trabajadores cesantes, el seguro de cesantía responda, porque el trabajador cesante tiene derecho a seguir llevando el pan a su hogar mientras dura la cesantía.

 

Este proyecto de seguro de cesantía garantizará a todos los trabajadores de nuestro país la necesaria protección en casos de pérdida de empleo, con prestaciones básicas y garantizadas para todos sus beneficiarios.

 

Por eso digo que la búsqueda de este esfuerzo y de este proyecto de ley lo hicimos a través de un diálogo que nos parece una condición de legitimidad social y democrática para ésta y las demás reformas que vamos a impulsar, junto con la Central Unitaria de Trabajadores, junto con la Sofofa y la Confederación de la Producción y del Comercio, junto con la pequeña y mediana empresa. Este Consejo de Diálogo Social fue esencial para poder definir las líneas matrices de este proyecto.

 

Es cierto, no es perfecto, cuesta mucho avanzar, pero no me cabe la menor duda de que el establecimiento de este seguro, junto con introducir justicia a los trabajadores de Chile, permitirá también dar un paso importante en una legislación laboral moderna.

 

Estoy cierto de que el Congreso Nacional aprobará en un período breve, porque los plazos son urgentes, este proyecto, que significa en último término que los trabajadores podrán tener la tranquilidad de que al término de mi período presidencial ningún trabajador de Chile dejará de tener un seguro de desempleo que le permita mirar con tranquilidad el futuro. Lo que dije en la campaña presidencial se ha cumplido, el proyecto está en el Parlamento y será ley en los próximos meses.

 

Junto con eso, en esta instancia de diálogo hemos comenzado la discusión en torno a los mecanismos más adecuados para promover una mayor incorporación a las mujeres al mercado de trabajo. La inserción productiva de las mujeres es una condición necesaria e indispensable para poder potenciar nuestro desarrollo.

 

Promoveremos el empleo femenino y lo haremos compatible con los esfuerzos productivos de la mujer y los que tiene que desarrollar en su casa.

 

Hago mío aquí lo que me ha planteado el presidente de la zonal Chuquicamata: mi primera medida respecto de las mujeres tiene que ver con la mujer temporera, aquella que allá en el sur trabaja algunos meses en el año, no porque lo desee, sino porque así es su fuente de trabajo. No es posible que los productos que exportamos de Chile sean a expensas de un tratamiento inadecuado a la mujer y al trabajador temporero.

 

Por ello digo que el esfuerzo y la legislación que hagamos permitirá también a esa mujer, que es parte de la producción de Chile, avanzar de una manera adecuada.

 

Así como reconocemos que abriremos espacios al trabajo de la mujer, quiero decir aquí que desarrollaremos una política nacional para terminar con el trabajo infantil. Digámoslo con claridad: queremos que nuestros niños estén en la escuela estudiando y jugando, con sus padres en el trabajo y, por tanto, promoveremos una legislación que haga realidad los compromisos de Chile en el campo internacional. No al trabajo infantil, bajo ningún pretexto.

 

Junto con ello, debemos recorrer un largo camino para tener una legislación laboral acorde con un Chile moderno, digno de un país que avanza y cuyo avance llega también al mundo del trabajo.

 

Tengo la firme convicción de que lograremos introducir las modificaciones en la legislación laboral para que Chile entre a paso firme en este siglo XXI protegiendo los derechos de los trabajadores, de sus hijos, que son los que aportan al progreso de Chile.

 

Para ello quiero decir que aumentaremos la fiscalización del cumplimiento de la legislación laboral, modernizando y haciendo más eficaces sus procedimientos.

 

Son miles los trabajadores de Chile que concurren a diario a las inspecciones del Trabajo para reclamar por su despido, por el no pago de sus remuneraciones, de sus indemnizaciones. Seamos claros: el cumplimiento de la ley laboral no es un capricho de la autoridad. Enfrentaremos lo que nos parece una situación que en muchos sectores es un verdadero fraude social. No quiero que esto continúe al término de mi Gobierno y por eso yo pido y demando mayores atribuciones, mayor número de fiscalizadores de la Inspección del Trabajo. Durante estos años muchas veces esto se nos ha negado. Confío, por el bien de Chile, en que tendremos los instrumentos adecuados para fiscalizar, para no aceptar las prácticas antisindicales que muchos están hoy día utilizando, de aquellos malos empresarios que no están a la altura de la responsabilidad de un país que avanza con cada uno de sus hijos, también con los trabajadores. Hay muchas formas de ejercer estas prácticas y esto tenemos que ser capaces de enfrentarlo de una manera adecuada.

 

He sabido recientemente de una empresa que ha hecho una negociación colectiva que dura ocho años. Eso no es justo ni es correcto, es un abuso. ¿Cuánto cambia una empresa en ocho años? Una empresa moderna tiene que aumentar su productividad. ¿Va a aumentar esa empresa? Así lo espero. ¿Va a hacer participar a los trabajadores del aumento de la productividad si hay un convenio colectivo que dura ocho años? Eso no es posible.

 

Pido respeto a la legislación, todos somos mayores y todos nos entendemos y este Presidente no aceptará que se instruyan situaciones que impliquen un claro menoscabo al derecho de los trabajadores a pelear por lo que es justo: aumenta la productividad, aumenta el salario, sí señores.

 

Así como quiero aumentar la fiscalización, deseo también establecer una legislación adecuada para abordar las dificultades que hoy existen en los tribunales del trabajo y dar respuesta oportuna a los litigios.

 

Cómo no entender el desaliento del trabajador cuando llega al tribunal e inicia un juicio y se demora dos, tres y hasta cuatro años para ver sus demandas satisfechas. Ese no es el Chile de los tribunales de justicia que queremos.

 

Y así como en el Gobierno del Presidente Frei se avanzó tanto en una reforma a la Justicia Penal, muy profunda, en mí Gobierno, conjuntamente con la Corte Suprema, comenzando por su presidente, abordaremos el tema de los tribunales de Justicia en materia laboral, para hacer una reforma adecuada para que los trabajadores, cada chileno y cada chilena que concurra a un tribunal de justicia del trabajo, tenga una respuesta adecuada y pronta a sus demandas. La revisión del juicio laboral es esencial y a eso me comprometo con cada uno de ustedes.

 

Por otra parte, en este mundo que cambia tenemos que ser capaces de avanzar a un ritmo distinto en materia de capacitación laboral, adaptarnos a los cambios de la tecnología y del conocimiento, generar una cultura de capacitación permanente. En Chile, de los 5 millones de trabajadores sólo 500 mil el año pasado recibieron capacitación, un 10 por ciento. Me propongo en mi Gobierno doblar esta cifra y terminar el 2006 con un promedio de un 20 por ciento de los trabajadores que se capaciten anualmente. Eso quiere decir que cada 5 años todos los trabajadores de Chile habrán tenido una vuelta en su posibilidad de acceder a conocimientos, a tecnologías que les permitan mejorar sus condiciones de productividad, mejorar sus niveles de ingreso y que el progreso de Chile entre a la casa de cada trabajador a través de mejores condiciones de trabajo, producto de que es un trabajador que tiene una mayor capacitación.

 

Esa es la única forma de avanzar en el mundo moderno, esa es la única forma de entender que en el largo plazo es el conocimiento, la tecnología, la creatividad, la que nos va a hacer a todos progresar.

 

Es cierto que como resultado de las nuevas tecnologías hay división en el trabajo, es cierto lo que decía el presidente de la zonal, hoy hay una división de empresas en filiales, las empresas se especializan en su gestión y para hacerla más eficiente y mejorar su posición competitiva muchas veces acuden a la subcontratación laboral, al suministro temporal de trabajadores, al teletrabajo, por nombrar sólo algunas de las nuevas realidades.

 

 

Estos son temas de profunda preocupación, tienen que ver con el avance de un país, pero junto con ello tenemos que ser capaces de mirar cómo entendemos la subcontratación o el avance en la gestión empresarial, pero equilibrado y compatible con el avance de los trabajadores que en esa condición tienen que participar del proceso productivo.

 

Hace algunos días participé de las fiestas de una muy grande empresa de Chile del sector privado, que es orgullo de todos los chilenos. En la mesa de honor compartí con sus ejecutivos y con sus dirigentes sindicales. Los felicité por ello, por el avance que ellos tienen, pero no pude menos que reflexionar que también en el campo en el cual labora esa empresa hay muchos trabajadores de mi Patria que trabajan en condiciones de subcontratación y allí no hay presidente sindical que se junte con el Presidente de la República, porque en esas empresas no existen sindicatos. Eso no puede ser, no puede ser que porque hay condiciones necesarias de subcontratación o de buscar condiciones distintas para mejorar la productividad, no haya condiciones para mejorar las condiciones para que esos trabajadores defiendan sus derechos.

 

Digámoslo con claridad, es aquí donde tenemos mucho que avanzar, porque en materia de relaciones colectivas de trabajo estamos todavía tremendamente atrasados.

 

Las estadísticas de la Dirección del Trabajo reflejan -como aquí se recordaba- un muy bajo nivel de sindicalización en Chile, una deficiente extensión de la negociación colectiva como mecanismo autónomo para definir las condiciones de trabajo en una empresa. Estos son los déficit que tenemos nosotros que abordar, no pueden existir estos dos Chiles diferentes, el Chile que lo reflejan ustedes aquí en Chuquicamata, con un sindicalismo fuerte, potente, responsable, que se capacita y que está a la altura de los desafíos de esta empresa. Porque existe ese sindicalismo aquí, Codelco puede mirar a través de sus ejecutivos, a través de su vicepresidente, que nos acompaña, y del directorio de Codelco, abordar nuevos y más grandes desafíos. Y el Codelco que crece va a crecer definiendo su política con y no contra los trabajadores.

 

Pero aunque eso es posible aquí, hay otros trabajadores de mi Patria que no tienen sindicato, que no tienen negociación colectiva, que no pueden sentarse a definir una alianza estratégica como lo hacen ustedes con sus ejecutivos. Eso es lo que quiero reclamar cuando digo que quiero un Chile que alcance la igualdad a cada uno de sus hijos. No quiero dos mundos de trabajadores diferentes, el que tiene y el que no tiene sindicato, el que tiene y no tiene capacidad de defender sus condiciones laborales.

 

Por eso digo que, a través de lo que hemos hecho, el fortalecimiento de la sindicalización y ampliar la negociación colectiva son las premisas básicas con las cuales se han iniciado las conversaciones del Consejo de Diálogo Social que hemos establecido en el país. Estoy seguro de que como en el caso del Seguro de Cesantía, tal vez algunos temas no van a tener el consenso de todos, lo resolveremos en el Parlamento, que es donde se deben resolver los temas, pero estoy seguro de que tenemos que ser capaces de avanzar para tener la capacidad de generar las condiciones para que Chile perciba que el avance y el progreso llega a cada uno de sus hijos.

 

Por eso quiero decir que para promover el cumplimiento de estos objetivos, próximamente va a comenzar a operar el Fondo Nacional de Modernización de las Relaciones Laborales y de la Capacitación Sindical, fondo que le permitirá a los trabajadores organizados tener capacitación, cursos, enseñanza, para desarrollar un sindicalismo más fuerte y más poderoso. De eso se trata, de colaborar para así como hay organismos empresariales fuertes y poderosos, en buena hora, en buena hora que las situaciones de conflictos que tuvo el mundo empresarial lo hayan superado, así también queremos que exista un organismo sindical en condiciones de desarrollar las tareas que le son indispensables.

 

Y así también quiero decir aquí que haremos un esfuerzo porque las relaciones laborales del sector público se enfrenten también a los desafíos indispensables y que también, aprobando los convenios internacionales, existan las negociaciones adecuadas con el ámbito público.

 

Estas son las tareas que tenemos que abordar y que abordaremos de consuno y que como Presidente de ustedes en este 1º de mayo me comprometo a definir a la brevedad.

 

He practicado y seguiré practicando una política de puertas abiertas. La Federación de Trabajadores del Cobre tiene pronto su gran evento sindical en la ciudad de Iquique. Le he dicho al presidente que concluido ese evento en Iquique espero recibirlos en La Moneda para recibir las conclusiones de su evento sindical.

 

Y desde aquí les digo a los trabajadores de Chile que las puertas de La Moneda están abiertas a todos y cada uno de los trabajadores. Abrí las puertas del Palacio de La Moneda para que todo Chile transite por allí, con mayor razón a los trabajadores. Este Presidente de la República no necesita mensajes de nadie para recibir a los trabajadores, el que quiera ser recibido que pida una audiencia y llegará, porque es mi obligación de Presidente recibir a cada uno de los trabajadores de Chile.

 

Estoy consciente de que la tarea fundamental es generar condiciones apropiadas, porque lo básico de un trabajador es tener empleo. Por eso quiero decir que con profunda convicción he decidido, porque me parece esencial tener una política económica, una política fiscal y monetaria responsable y seria, que estableceremos las condiciones macroeconómicas para que durante los 6 años de mi Gobierno tengamos una economía que crece en condiciones de dinamismo, de aumento de productividad y de inserción en el mundo global y cada vez más competitivo.

 

Los países que avanzan son los países que tienen un manejo económico serio y responsable. Es lo que nos proponemos cuando aspiro a que el año 2001 tengamos un presupuesto en equilibrio. Es un gran desafío, pero junto con ello puedo decir que tendremos un país que este año va a crecer más de un 6% y el año próximo, otro tanto. Un Chile que crece más de un 6% quiere decir que es un Chile que este año va a tener un nivel de desempleo del orden del 7%. Habremos creado este año más de 200 mil puestos de trabajo al mes de diciembre del año 2000, eso es esencial para poder generar las condiciones adecuadas.

 

Hoy, cuando llegué a Calama recibí una nota del sindicato de trabajadores cesantes de la ciudad. Mi compromiso con Calama y con esta región, como con cada uno de los trabajadores de Chile, es establecer las condiciones indispensables para crear las condiciones de trabajo para generación de los puestos de empleo. Sólo así vamos a progresar.

 

Pero esos trabajadores que tengan las condiciones de empleo adecuadas las van a tener en un mundo con una legislación laboral que les permita condiciones de dignidad indispensables para lo que es su desarrollo.

 

Trabajadores y trabajadoras de Chile:

 

Al dirigirme a ustedes desde aquí, desde Chuquicamata, en este 1º de mayo, lo hago con el optimismo y la convicción de las tareas que hemos realizado en estos poco más de 50 días de Gobierno. Sé que algunos han dicho que hemos ido con tranco rápido, quiero decir que he ido con el tranco rápido porque las urgencias de Chile son rápidas. Las urgencias de mis compatriotas no pueden esperar, con este tranco entré a La Moneda y con este tranco vamos a trabajar durante los próximos seis años.

 

Como le decía al intendente de la II Región, próximamente enviaré una nota a cada uno de los trabajadores designados que son de mi confianza, para decirles que tienen que andar al tranco del Presidente, o en caso contrario vamos a tener que establecer de nuevo las condiciones con las cuales están trabajando conmigo. Aquellos que tienen puestos en mi Gobierno tienen que atender primero a aquellos a quienes tenemos la obligación de servir.

 

Lo más importante, más que las condiciones de trabajo, más que las condiciones económicas, es que quiero un país donde la gente vale por lo que es y no por lo que tiene y eso significa un país donde cada hijo de esta tierra sea tratado con la dignidad que se merece y los funcionarios públicos, los que de mí dependen, tienen que entender que todos aquí hemos llegado a servir a Chile y no a servirnos de Chile.

 

Amigas y amigos:

 

Gracias por este recibimiento cariñoso que me han brindado los trabajadores aquí en Chuquicamata. Gracias por el afecto que ustedes me han dado en estos días y quiero decirles que estoy consciente de que entramos en este siglo con un país con esperanzas y con optimismo.

 

Ayer un joven me escribió una carta y terminó diciendo "no me defraude". Lo que dije en la campaña es mi compromiso de hoy como Presidente. Trabajaré intensamente por no defraudar a tantos y a tantas, por no defraudar tanta esperanza depositada y no defraudar significa hoy aquí no defraudar a los trabajadores de Chile, porque en éste, el Día del Trabajo, quiero reiterarles mi compromiso para que el avance de Chile, el progreso de Chile, llegue también a cada uno de los trabajadores de este Chile que es de cada uno de sus hijos.

 

Muchas gracias, y a trabajar mañana muy temprano. Muchas gracias.

 

 

2.      TÍTULO: CONMEMORACIÓN COMBATE NAVAL DE IQUIQUE PALABRAS DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, RICARDO LAGOS, EN LA RADA DE IQUIQUE

IQUIQUE, 21 de Mayo de 2000

 

Quiero expresar mi satisfacción de haber podido estar hoy aquí, en la Rada de Iquique, acompañado por el Comandante en Jefe de la Armada, los demás Comandantes en Jefe, los presidentes de los otros poderes, del Parlamento, la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados, Corte Suprema, en una ceremonia que ustedes han visto, que el país ha visto, nos hace reencontrarnos con nuestra historia, con nuestras tradiciones, nos hace reencontrarnos con aquellos que, en un momento, entendieron lo que era el amor a la Patria y cómo se servía a la Patria. Y también, de aquellos otros que, 121 años después, entienden que se sirve a la Patria de otras formas tal vez, con otros gestos, pero en donde lo importante es entender cómo reconstruimos el tejido para un país, que esté unido tras los grandes propósitos y los grandes objetivos.

 

La gesta de Prat y los suyos era expresión de un país unido tras un gran objetivo. Recuperemos ese espíritu para el desafío que tenemos ahora en este siglo que iniciamos.

 

Quiero expresar mi satisfacción por la forma en que la Armada de Chile, cuando le pedí venir a Iquique, enfrentó este desafío. Le decía al Almirante que lo hizo con una gran rapidez y prontitud: desplazar La Escuadra y poder tener esta ceremonia en el marco magnífico que hemos tenido en el día de hoy. De lo que no estoy seguro es si el almirante tiene que ver algo, como él me dijo, con habernos brindado un día tan hermoso, pero en lo demás creo que ha sido una gran ceremonia, que debe ser orgullo para todos nosotros, por la Armada que tenemos.

 

Quiero una última reflexión muy breve. El gesto tremendamente fino que ha tenido el almirante de entregarme una réplica de cómo está La Esmeralda hoy, aquí en el fondo del mar, en donde aparece nítido el espolonazo con que, en definitiva, se hundió para entrar a la historia. Realmente ha sido un gesto muy fino del almirante.

 

PREGUNTA: ¿Qué la ha parecido la recepción de la comunidad nortina acá?

 

S.E.: Bueno, la recepción ha sido muy cariñosa y quiero entender que es un cariño que se hace a lo que el día de hoy simboliza. Muy contento, muchas gracias.

 

PREGUNTA: Después del regreso a la democracia es primera vez que un mandatario viaja en el avión Presidencial con los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas. ¿Cuál fue su conversación con los Comandantes en Jefe? ¿Se superaron las asperezas? ¿Cómo se supero ese impasse?

 

S.E.: Primero, no me había dado cuenta, no sabía que era primera vez que un Presidente viaja con los Comandantes en Jefe. Fue un viaje muy grato y no hubo turbulencias en el avión.

 

PREGUNTA: ¿Cómo espera dar su primer mensaje a la Nación con una derecha que ha anunciado que va a puntualizar y recordarle todo lo que usted prometió y que según la oposición no ha cumplido todavía?

 

S.E.: Bueno, me parece muy bien que estén preocupados de cumplir su rol como oposición. El rol de la oposición es ese, fiscalizar, decir las cosas que a su juicio hay que enmendar y hay que mejorar, en eso consiste la esencia de la democracia. En todo caso, yo tengo buena memoria, sé todas y cada una de las cosas que he dicho.

 

PREGUNTA: ¿... el próximo 21 de mayo?

 

S.E.: Bueno, falta mucho para el 21 de mayo, déjeme dejar alguna sorpresa para adelante.

 

PREGUNTA: En esta semana las FF.AA. dieron muchas señales, ¿ésta fue su señal al país de que mejoró la relación con las FF.AA.?

 

S.E.: Mire, mi relación con todas las instituciones del país están determinadas por la que a mí me parece es el interés superior del país. Y, por lo tanto, uno busca tener las mejores relaciones, pero también uno busca decirle al país las cosas como son. Hay que compatibilizar ambas cosas.

 

PREGUNTA: ¿El tema minero lo tocaron en su oportunidad?

 

S.E.: Sí, bueno, yo hice ver que me parecía muy importante la aprobación del Tratado Minero y espero que podamos trabajar. Argentina ya lo aprobó, ahora la tarea es del Congreso en Chile.

 

PREGUNTA: Acá había un tema pendiente, que es de las tomas, y usted lamentablemente no pudo ir a verlas. ¿Qué solución, Presidente, ha visto para solucionar el problema que afecta a tanta gente acá en Iquique?

 

S.E.: He tomado el tema directamente. Dentro de mi gabinete estamos coordinando las tareas con Obras Públicas, con Vivienda, con Bienes Nacionales, para los efectos de poder dar una respuesta completa. Algunas personas van a ser llevadas a otro lugar, otros van a permanecer allí, pero tenemos que resolver los temas de los títulos de dominio, de cercar los terrenos, de agua, de luz. Y lo que quiero es hacer un planteamiento global respecto al tema de Alto Hospicio y espero hacerlo próximamente. Una próxima vez que venga por cierto voy a estar en Alto Hospicio para conversar con ellos.

 

PREGUNTA: ¿Sería la posibilidad que fuera comuna Alto Hospicio, Presidente?

 

S.E.: También eso hay que estudiarlo, pero eso en definitiva depende del Parlamento, no del Gobierno. Gracias.

 

3.      TÍTULO: MENSAJE PRESIDENCIAL  MENSAJE DE S.E. EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, RICARDO LAGOS, FRENTE AL PARLAMENTO

VALPARAÍSO, 21 de mayo de 2000

 

Conciudadanos y conciudadanas del Senado y de la Cámara de Diputados; chilenos y chilenas:

 

Un nuevo espíritu recorre Chile. Un espíritu de optimismo, unidad y grandeza.

 

El país se levanta después de una dura crisis. Nuestros miedos comienzan a quedar en el pasado. Poco a poco se afianza el ánimo de concordia que tanto hemos esperado. La verdad deja de ser una fuente de temor y se transforma en el fundamento de la confianza. La justicia recupera el papel rector que debe tener en toda convivencia civilizada.

 

He sentido, en estos días, cómo crece el entusiasmo por el futuro y cómo, a pesar de nuestras distintas opiniones, comenzamos también a respetarnos más.

 

¡Bien por Chile, bien por nuestro futuro común! ¡Bien por la patria este nuevo espíritu!

 

Pero nos esperan enormes desafíos. Vivimos un nuevo siglo que parece un verdadero amanecer. Por todas partes emergen nuevas energías, nuevas maneras de trabajar, de comunicarse, de vivir, de hacer negocios. Chile debe ocupar un lugar preeminente en este mundo global que surge ante nuestros ojos.

 

Quiero invitar a todos mis compatriotas a ser protagonistas de esta época, de esta nueva época, a recuperar los grandes sueños que imaginaron para Chile los Padres de la Patria.

 

Las actuales generaciones de chilenos y chilenas han sido testigos de cómo ese legado de los padres de la patria fue amenazado por la confrontación entre posiciones excluyentes, que pretendían ser representativas de la nación en su conjunto. La desunión llevó a grados extremos el antagonismo y la desconfianza entre los chilenos. Se produjo entonces la mayor tragedia política del siglo 20. Por eso ha sido tan difícil y al mismo tiempo tan valioso todo lo que hemos avanzado para superar esas experiencias tan dolorosas.

 

Hoy resulta imperioso terminar de recomponer los lazos morales, culturales y sociales que fueron severamente dañados en ese proceso y que debilitaron –y todavía debilitan– el sentido de comunidad del pueblo chileno.

 

Nuestra nación es fuerte. Hemos avanzado a pesar de nuestra propia división y de instituciones a veces un tanto anticuadas. Hoy es el momento de acelerar el tranco. Lo dije el 11 de marzo: no he llegado a la Presidencia de Chile para administrar la nostalgia, sino para mirar hacia el futuro aprendiendo del pasado.

 

Estamos aquí en un nuevo milenio. En menos de una década cumpliremos 200 años como nación libre, como nación soberana. Propongo una gran tarea común para esa fecha: llevar a Chile al máximo de sus posibilidades para tener en el 2010 un país plenamente desarrollado e integrado.

 

Los invito a expandir al máximo nuestra capacidad económica, para que esa parte de la familia chilena que sufre la pobreza, se siente también en la gran mesa común, a compartir los frutos de la nación.

 

Los invito a desarrollar al máximo nuestra generosidad social. No es posible que vivamos algunos en la vanguardia del siglo 21 mientras otros compatriotas apenas tienen para comer. Tenemos que sacarnos esa enorme deuda de encima. Por eso tenemos urgencia. Por eso corremos y corro riesgos. Por eso no dudamos y no dudo en ponernos metas a ratos ambiciosas, pero las urgencias nos obligan a metas ambiciosas.

 

Los invito a aumentar al máximo nuestras libertades culturales y políticas. La libertad es la gran herencia de los padres de la patria. ¡Chile fue y será una patria para la libertad! Por eso hoy aquí, en el inicio de este nuevo siglo, quisiera invitarlos a iniciar una nueva época.

 

Y permítanme una brevísima reflexión personal.

 

Lo que me ha impulsado en la vida pública ha sido siempre la posibilidad de transformar la sociedad para construir una nación donde se conjuguen democracia, libertad e igualdad. El hombre y la mujer de nuestra patria han estado siempre en el centro de nuestro esfuerzo.

 

El cambio social, la ampliación democrática, la reforma económica, la superación de la discriminación, han sido los fines permanentes de las corrientes políticas que respaldan mi Gobierno.

 

La ampliación del sufragio, la extensión de la educación, la creación de las bases de la industria nacional, el fin del latifundio, son algunas de las grandes transformaciones económico-sociales del siglo pasado, del siglo XX que termina, que no habrían sido posibles sin el empuje y la visión de estas fuerzas políticas.

 

No ocultamos que en este empeño hemos cometido errores. Pecamos a veces de voluntarismo o generamos tensiones que dividieron a los chilenos. Pero hoy, al igual que ayer, no tenemos temor a los cambios si se orientan al progreso de la sociedad. Los Gobiernos de la Concertación hemos encabezado una de las décadas de mayores transformaciones en la historia de Chile.

 

En los años noventa hicimos el histórico paso del autoritarismo a la democracia. Junto con ello, duplicamos el tamaño de nuestra economía; creamos más empleos que nunca en nuestra historia para un período de 10 años; expandimos las comunicaciones; democratizamos los municipios; mejoramos las remuneraciones; reformamos profundamente la educación; enfrentamos la verdad en las violaciones de los derechos humanos; construimos viviendas y parques y transformamos la infraestructura física del país con nuevas carreteras, puertos y aeropuertos.

 

 

Es un balance positivo, pero queda todavía mucho por hacer. Diversas reformas siguen pendientes por falta de acuerdo a veces, o de buenas ideas otras. Pero nuestros compatriotas, sin excepción, saben lo mucho que ha cambiado su vida en los últimos diez años con lo que hemos hecho.

 

Sin embargo, este cambio que ha tenido lugar en Chile no es sólo un cambio en Chile. Las tecnologías de la información y el conocimiento están produciendo una verdadera revolución planetaria, al punto que hoy esas nuevas tecnologías aportan un tercio del producto en muchos países desarrollados.

 

Entonces estamos entusiasmados por las posibilidades que abren estas transformaciones, especialmente para un país como el nuestro, distante de los centros del desarrollo mundial, pero dueño de una base de creatividad, inteligencia, confianza, orden económico y equilibrio institucional que puede convertirnos en una nación estrella del nuevo milenio.

 

Chile necesita un liderazgo que impulse el cambio para entrar a esta Nueva Época. Que lo gestione con audacia y con responsabilidad. Es lo que la ciudadanía respaldó en la última elección presidencial; es lo que espera del primer Gobierno de este siglo. Es ahora tarea de todos los actores políticos materializar estas aspiraciones de cambio y de progreso para nuestro pueblo.

 

Si ahora Chile no emprende, ahora y no mañana, una nueva ola de reformas que lo pongan a la altura de los cambios que mueven al mundo actual, corre el riesgo, como sociedad, de quedarse atrás.

 

Por eso aquí hoy lo digo sin estridencia, pero con firmeza: el nuestro será el gobierno de las reformas para llevar a Chile a ser un país desarrollado el 2010.

 

Emprenderemos reformas en las esferas social, política, económica y cultural. No cualquier tipo de reformas, porque lo que Chile necesita no es cualquier tipo de cambio, sino aquel que le permita a todos sus hijos crecer en igualdad y en libertad, que aquel que nace en esta tierra nuestra, tiene iguales posibilidades, no importa el lugar o la cuna en que nació.

 

Entrar a una nueva época no significa dejar de lado lo que está pendiente, y que nos lleva a mantener situaciones intolerables de pobreza, exclusión y desigualdad. Pero lo pendiente –que es urgente– no debe hacernos perder de vista los desafíos emergentes a que nos enfrentamos como país.

 

Si hoy nos dejamos llevar por el miedo a la incertidumbre, nuestras capacidades competitivas se verán irremediablemente debilitadas y el resultado será más pobreza, mayores desigualdades y una peor convivencia. Hay que derrotar ese conservadurismo que tantas veces anida entre nosotros, haciéndonos resistir o desconfiar de lo nuevo.

 

La nueva época exige la integración de Chile en la revolución de Internet. De lo que hagamos ahora dependerá nuestra prosperidad y bienestar de las futuras generaciones.

 

Esta nueva época exige incorporar a los grupos más débiles o desprotegidos. Las personas y las comunidades estarán en el centro del cambio, evitando las visiones tecnocráticas que tanto daño hicieron en el pasado.

 

La meta de esta nueva época es ampliar la libertad y la capacidad de emprender y de innovar de las personas, familias y comunidades; jamás extender el paternalismo de otrora.

 

La nueva época que vamos a inaugurar se basa en el principio de la cooperación y la solidaridad. Hay que renunciar al uso de la amenaza o la violencia, incluida la violencia verbal, que tanto perjudicó los procesos de transformación que se intentaron en el pasado.

 

Las reformas las realizaremos en el marco del Estado de Derecho y con participación, integración, consulta y diálogo con la ciudadanía. No creemos en los cambios que se imponen por la acción autoritaria de una elite que todo lo sabe. Una convivencia sana se construye cuando los derechos y las obligaciones están claros y son respetados por todos.

 

Más espacios a la libertad de las personas, extendiendo al mismo tiempo la solidaridad y la integración social; fomento de la creatividad, enriqueciendo la cohesión moral de la comunidad; encarar el cambio sin temor, ejerciendo el liderazgo del Estado para gobernarlo con responsabilidad; adoptar con decisión las reformas necesarias, buscando siempre el acuerdo y la cooperación.

 

¡Esta es la nueva época que invito a todos mis compatriotas a construir!

 

Exponer los proyectos, sería muy largo para un mensaje. Quisiera, tan sólo, indicar que en la Programación Ministerial del 2000 al 2006, que se ha entregado a los señores diputados y senadores, están todos ellos y está disponible también para toda la ciudadanía en el portal del Gobierno de Chile en Internet, a partir de ahora.

 

Tres son los pilares rectores en donde pondremos el énfasis fundamental en los próximos años:

 

EL PRIMERO: abrir las puertas al desarrollo. ¡Nadie debe quedar sin acceso al bienestar que surja del crecimiento económico y de la incorporación de Chile a la revolución tecnológica!

 

EL SEGUNDO: integrar al país. ¡Todo chileno y toda chilena debe estar incorporado al mundo moderno mediante servicios e infraestructura adecuados, con más atribuciones y responsabilidades para las regiones y para las comunas donde habita!

 

Y EL TERCERO: engrandecer el espíritu de los chilenos. ¡No debemos tener miedo a ampliar las libertades, promover la participación, expandir el conocimiento, la cultura y la ciencia, incorporarnos al mundo de nuestros días, vigorizar las familias y las comunidades!

 

Es en torno a estos tres ejes que trabajaremos en los próximos seis años.

 

Honorables miembros del Parlamento:

 

Nos ha correspondido encabezar el primer Gobierno del siglo 21. Esto nos obliga a mirar con detención el nuevo mundo que vivimos.

 

Abrir las puertas al desarrollo significa plena incorporación a la revolución tecnológica y, al mismo tiempo, que los frutos del progreso lleguen a cada rincón del país y que toda familia chilena goce de seguridad.

 

Chile debe asumir la vanguardia entre los países que usan las tecnologías de la información, especialmente Internet, como motor de un nuevo progreso. Un progreso que se basa en la flexibilidad de las empresas y no en su tamaño, en la inteligencia de la gente y no en la cercanía geográfica, en la cooperación y no en el antagonismo.

 

Es que esta nueva época es sólo equivalente en la historia de la humanidad a los 100 ó 200 años posteriores a cuando Gutenberg descubre la imprenta y permite el avance de los libros para todos y de los periódicos doscientos años después.

 

Estamos en el umbral de una época distinta y diferente ¡cómo nos vamos a beneficiar de estas nuevas tecnologías: empresarios, comerciantes y consumidores, que estarán integrados entre sí, reduciendo costos; los usuarios de los servicios públicos, que podrán hacer sus trámites desde una cabina de Internet instalada en su barrio; los niños y jóvenes, que tendrán en los computadores de sus escuelas las mismas bibliotecas que hoy están disponibles en cualquier ciudad del mundo, Estocolmo o Nueva York.

 

Chile tiene las condiciones para integrarse a la revolución tecnológica, como pocos otros países de la región. Disponemos del mayor número de computadores per cápita de América Latina y nos acercamos al liderazgo regional en el porcentaje de los usuarios de la red internet. Casi la mitad de nuestras empresas, incluyendo las pequeñas, ya tienen acceso a esta nueva comunicación. El Gobierno ha puesto en curso un trabajo muy profundo con el sector privado para multiplicar el uso productivo de Internet.

 

Sabemos que la mayoría de las familias chilenas no puede acceder todavía desde sus casas a esta red. Pero no pueden quedarse atrás. Debemos evitar que se produzca una nueva división entre chilenos, entre los que están y no están conectados a la red.

 

La fractura digital de la cual muchos hablan que se puede producir mañana entre países avanzados, que están en la nueva economía, y los países atrasados, que quedaron atrás en la vieja economía.

 

Seamos claros, la nueva economía lo que hará en definitiva es introducir eficiencia y conectividad a la vieja economía.

 

Por eso, mi Gobierno hará de este desafío una tarea de todos. En los próximos tres meses pondremos en marcha una red pionera de Infocentros públicos para brindar conexión de alta velocidad a Internet a miles de chilenos, infocentros que comenzaremos instalando en algunas ciudades, Iquique, Antofagasta, el gran Valparaíso, Concepción y Santiago. Ella se ampliará progresivamente a todas las regiones de Chile.

 

Hoy día tenemos 38 mil computadores conectados por la Red Enlaces en 5.200 escuelas, que permiten que 2 millones y medio de estudiantes tengan acceso a Internet. En este sexenio, la Red Enlaces, del Ministerio de Educación, estará en el 100 por ciento de las escuelas de Chile. Ninguna escuela existirá al final de mi período presidencial sin acceso a Internet y vamos a duplicar el número de computadores disponibles para nuestros alumnos. Y crearemos también un programa para facilitar que los profesores puedan comprar sus propios computadores personales, para estar a la cabeza de esta tecnología.

 

La Corfo y el Banco del Estado abrirán líneas de crédito para que 100 mil empresas emergentes puedan contar con equipos computacionales y con adiestramiento en Internet.

 

Próximamente enviaré a este honorable Congreso un proyecto de ley que permita la acreditación y certificación de la firma digital, y provea un marco seguro para que el comercio electrónico se expanda con agilidad.

 

Muy pronto, nadie demorará más de siete días para la obtención de los permisos que permitan la puesta en marcha de nuevas empresas a partir de su inserción en la red.

 

Haremos nuestra tarea. Por ello, desde aquí invito a los hombres y mujeres de empresa a imaginar nuevas actividades. No se conformen con sus empresas tal como están. Pongan audacia, innovación, experimentación. No teman al fracaso; teman mejor al estancamiento, porque el estancamiento, seguro, los va a llevar al fracaso. Incorporen a sus trabajadores, a los científicos, a nuestras universidades, a los artistas. Si no asumen los nuevos desafíos, si no invierten en creatividad y cooperación, la revolución económica nos puede pasar por encima.

 

Por eso me propongo explorar, y por eso lo planteé en mi reciente visita a Argentina, la necesidad de intentar una casa binacional Chile-Argentina, instalada en Silicon Valley, a donde podamos enviar a los mejores jóvenes talentos nuestros del mundo de la empresa y la creatividad. Allí hay en Silicon Valley empresas de los principales países del Sudeste Asiático. Es hora que nuestro país esté allí en la vanguardia del conocimiento y la tecnología con nuestros jóvenes para las empresas del siglo XXI.

 

El Gobierno, por su parte, hará lo suyo proveyendo cada vez más servicios a través de Internet. Ya se ha avanzado en la recaudación de impuestos y en las compras del Estado. En el año 2004, unos 2.100 millones de dólares en impuestos van a ser recaudados por Internet. Este año iniciaremos las ofertas de compras públicas en la red, que llegarán a representar transacciones de varios miles de millones de dólares anuales.

 

Durante mi mandato, la gran mayoría de los servicios y trámites que ofrece el sector público se pondrá en línea con las personas, todo el día, todos los días y para toda la gente, con una Ventanilla Electrónica Única y crearemos también una Red de Enlace Cultural con información sobre arte, cultura y recreación.

 

El Estado de Chile se pondrá a la vanguardia mundial en conectividad. ¡Este es mi compromiso para los próximos 6 años!

 

Pero para alcanzar el desarrollo en el bicentenario nuestra economía debe crecer de manera sostenida a un ritmo de 6 a 7% anual. Esta es la meta que me propongo para mi Gobierno.

 

Queremos una economía competitiva, estable y equitativa. Mantener las desigualdades es un escándalo moral y un enorme desperdicio del recurso más valioso de un país: su gente.

 

Nos preocupa hondamente la situación del empleo. Vamos a mantener los programas de emergencia. Este año vamos a cumplir la meta de crear 200 mil nuevos empleos. Pero no hemos ganado la batalla. Necesitamos mantener un alto crecimiento para generar empleos dignos y cada vez mejor remunerados. Este es nuestro objetivo, y seremos firmes en él. Mejorar remuneraciones se hace de una sola forma: aumentando la productividad de los trabajadores en cada una de nuestras empresas.

 

Seguiremos avanzando hacia un mercado de capitales profundo, líquido y moderno, que permita que las buenas ideas tengan financiamiento. Eliminaremos los controles burocráticos que impidan la integración con los mercados financieros internacionales y la diversificación del mercado nacional, con la sola excepción, obviamente, de aquellas regulaciones prudenciales que protejan la integridad del sistema tributario y velen por la estabilidad y solidez del sistema financiero.

 

Los pasos que hemos dado en esta dirección, y que se dieron hace pocos días, van en la dirección de lo que nos proponemos seguir realizando en el curso de mi mandato.

 

Necesitamos también una activa industria de fondos de capital de riesgo y trabajaremos decididamente tras este objetivo. La nueva economía exige capital de riesgo. Es una de nuestras mayores carencias. Los jóvenes nuestros, con ideas brillantes, normalmente no tienen la posibilidad de realizarlas porque no hemos desarrollado el capital de riesgo. Tenemos que abordarlo a la brevedad.

 

Como Gobierno vamos a administrar los recursos públicos con responsabilidad y con eficiencia. Y para que nadie se equivoque respecto de nuestras intenciones, nos hemos fijado una meta estricta y difícil: generar un superávit estructural equivalente al 1% del PIB a partir del presupuesto del año 2001.

 

Pido a mis compatriotas que me ayuden en alcanzar esta meta que es esencial para tener una economía sólida y estable.

 

La responsabilidad fiscal es una condición básica para la reactivación y para un crecimiento estable. El presupuesto del 2001 responderá a las necesidades que hay en materia de equidad, inversión pública, seguridad ciudadana y fomento productivo. Pero al mismo tiempo, con ese presupuesto, nos proponemos abordar dos tareas para cumplir nuestras metas de política fiscal.

 

LA PRIMERA, poner en marcha un plan para reducir la evasión tributaria, plan que tiene que recaudar como mínimo, 800 millones de dólares anuales a partir del año 2005.

 

Como todos sabemos, los niveles de evasión hoy día alcanzan aproximadamente a 4.000 millones de dólares. Esto requiere esfuerzo y dedicación. Hemos avanzado pero tenemos que apurar el tranco.

 

Para lograr esta meta, fortaleceremos la capacidad de las instituciones fiscalizadoras y las dotaremos de las facultades y la institucionalidad necesarias para cumplir con mayor eficacia su función. Lograr esta meta requiere reformas legales y estoy seguro que este Parlamento nos dotará de las herramientas indispensables para poner freno a la evasión tributaria. Antes que plantear nuevos impuestos, quiero estas herramientas indispensables para introducir mayor justicia en la forma como recaudamos tributos. 800 millones de dólares es casi el presupuesto del Ministerio de Obras Públicas.

 

LA SEGUNDA TAREA será asignar en forma más eficiente los fondos públicos. Cada ministerio deberá evaluar a fondo la justificación de sus programas existentes y llegar a reducir al menos en un 2% sus gastos inerciales, haciendo con ello espacio a iniciativas y programas de alto impacto social.

 

Estamos, entonces, a través de estas dos medidas, señalando con claridad que nos proponemos hacer de la responsabilidad fiscal un elemento central en los próximos seis años.

 

Junto con lo anterior, vamos a impulsar una decidida reforma del Estado. ¡Aquí difícilmente podemos avanzar con rapidez en el siglo 21 con un Estado que en algunos aspectos parece del siglo 19!

 

Eficiencia y transparencia en la administración de las finanzas públicas; fortalecimiento de la carrera funcionaria, haciendo del mérito el determinante fundamental del ingreso y la promoción en el sector público; instituciones capaces de responder a las necesidades de las personas, de darles voz ante a las decisiones que los afectan y de defender sus derechos como usuarios de los servicios públicos. ¡Este es el tipo de Estado que queremos alcanzar!

 

Para ello invitaremos a los funcionarios públicos a trabajar en un programa de nuevo trato que contemple tanto sus derechos como sus obligaciones. Este año propondremos al Congreso Nacional la creación del Defensor del Ciudadano, que deberá velar por los derechos de los usuarios de los servicios públicos, con poder para canalizar los reclamos e investigar los casos de mal servicio. El defensor del ciudadano es un derecho de todos y cada uno de los ciudadanos de Chile y lo pondremos en ejecución.

 

También perfeccionaremos la legislación ambiental y reforzaremos su institucionalidad. El nuevo progreso será sustentable, o no será.

 

Quiero que lleguemos al bicentenario con una adecuada protección de nuestros bosques, nuestros ríos, lagos y mares; habiendo resuelto los problemas de basuras y desechos; y con un aire limpio en todas nuestras ciudades. Propongo, desde ya, que todos juntos construyamos el sendero de Chile, un camino peatonal que recorra nuestro Chile por la pre-cordillera desde Visviri hasta el extremo austral, como un tributo a nuestra naturaleza maravillosa, que podemos conquistar y recorrer a pie.

 

Quiero también fortalecer la cooperación entre los actores del desarrollo.

 

Antes de septiembre enviaré al Congreso una ley que institucionaliza el Consejo de Diálogo Social, instancia orientada a esfuerzos para llevar el progreso a todos los hogares del país.

 

Junto a empresarios y trabajadores hemos concordado las bases del Seguro de Desempleo, que actualmente se tramita en este Congreso. Felicito, y quiero agradecer, a los honorables diputados por la celeridad con que aprobaron en general este proyecto.

 

En la actualidad buscamos convenir una Reforma Laboral que convierta a la negociación colectiva en un derecho efectivo y en una herramienta permanente al servicio de relaciones laborales basadas en la colaboración, la participación y la equidad dentro de la empresa.

 

Una Reforma Laboral que haga justicia a la mujer temporera, que haga justicia a tantos que ven que nuestra legislación laboral alcanza a algunos pero no a todos, una legislación laboral en donde los trabajadores de mi tierra tengan derecho a defender sus derechos para poder tener una mejor distribución en los frutos del progreso.

 

En la pasada campaña electoral quedaron de manifiesto importantes convergencias en esta materia, lo que me hace ser optimista en cuanto a una rápida tramitación. Perfeccionar la normativa laboral dará un horizonte de estabilidad indispensable para tener también un mayor dinamismo económico.

 

Junto a lo anterior, duplicaremos la inversión en capacitación de aquí al año 2006, con especial énfasis hacia los trabajadores de menores recursos. El Estado subsidiará directamente la capacitación en la micro y pequeña empresa y crearemos el programa Servicio Joven, para reforzar las oportunidades de empleo y capacitación de nuestra juventud.

 

Debemos adaptarnos también a otros cambios, como el de la estructura demográfica, tal vez el mayor desafío que tendremos en los próximos años. Hacia el 2010, el 12 por ciento de la población será mayor de 60 años. Hacia el 2020 ó 2025, el 25% de nuestra población será mayor de 60 años. Esto significa que debemos abordar atentamente el tema de nuestra seguridad social, si no queremos pagar altos costos en el futuro. ¡No repitamos la imprevisión que practicamos en el pasado!

 

Por ello quisiera decir aquí. Vamos a ser estrictos contra el no pago de cotizaciones previsionales que algunos entienden que pueden eludir livianamente. Estableceremos incentivos para la afiliación de los trabajadores por cuenta propia y los trabajadores de temporada, ellos también requieren de un sistema que les prevea para la vejez. Vamos a integrar a los adultos mayores a labores productivas, sociales, culturales y recreativas. El estar jubilado no quiere decir que no pueda seguir contribuyendo a la sociedad, usemos la imaginación para eso.

 

Nos proponemos un progresivo aumento de las pensiones mínimas y asistenciales y lo haremos acorde aumente el ritmo de crecimiento de nuestra economía. Seguiremos avanzando en fórmulas que mejoren la rentabilidad, la transparencia y la competencia del sistema de administradoras de fondos de pensiones, pero también abordaremos el desafío que significa que probablemente en un futuro próximo, cuando las nuevas generaciones empiecen a jubilar, podamos constatar que muchos, sea por insuficiencia en sus ingresos o por extensas lagunas previsionales, no tienen los recursos para poder tener una pensión mínima.

 

Amigos y amigas:

 

Una de las tareas principales de mi Gobierno será llevar adelante una profunda reforma de la salud, centrada en los derechos y garantías de los pacientes y con un esquema de financiamiento solidario.

 

Queremos que todas las familias puedan acceder a una atención digna y satisfactoria. Chile puede y debe proponerse ahora este objetivo.

 

La primera meta que anuncié como Presidente de la República fue terminar con las colas en los consultorios. Sé que es un objetivo ambicioso, estamos trabajando en esa dirección, pero prefiero proponerme objetivos ambiciosos a quedar en la inacción por el temor a cumplir las metas. ¡Ese es el signo de mi gobierno!

 

Este es sólo el inicio. El próximo año garantizaremos atención primaria en 48 horas para todos los grupos de mayor riesgo, como los adultos mayores y los menores de un año. Para el fin del sexenio, esta garantía se habrá extendido a todo tipo de pacientes. Ese es mi compromiso.

 

A partir del próximo año, nadie esperará más de tres meses desde la indicación médica en el caso de las intervenciones quirúrgicas electivas que son las más frecuentes. Para ello tenemos que trabajar.

 

Chile debe preocuparse de las personas con discapacidad, equiparando sus oportunidades en el plano educacional, laboral y social. Hemos adquirido un compromiso con el mundo de la discapacidad. Ya lo señalé en la campaña: creo que en este ámbito, como en otros, el Estado debe canalizar recursos a través de instituciones privadas cuya eficiencia está probada en este campo, como en otros que requieren apoyo solidario. Instituciones como la Teletón y el Hogar de Cristo, con las cuales estamos en contacto y que recibirán el apoyo directo. Saludo aquí al padre Renato Poblete, que nos acompaña, para decirle que avanzaremos en esta dirección.

 

El próximo año pondremos a vuestra consideración una ley de reforma integral al sistema de salud, en la cual estamos trabajando concienzudamente. Estoy seguro que esta reforma contará con vuestra comprensión y con vuestros valiosos aportes en el proceso legislativo y con una aprobación rápida que nos permita dar una respuesta a las demandas urgentes de nuestra gente.

 

Haremos la reforma con los trabajadores de la salud y no contra ellos. Por esto les propondremos una alianza de largo plazo que asegure su desarrollo profesional y mejore sus condiciones de trabajo y remuneración.

 

Estoy consciente de las dificultades que tiene emprender un cambio tan profundo en un sector tan complejo. Pero nuestras familias y nuestros hijos nos exigen hacer ese esfuerzo.

 

Por ello hemos colocado el tema de la Reforma de la Salud como un tema central cuando hablamos de cómo tener un desarrollo productivo que llegue a todos los sectores. El desarrollo productivo, el crecimiento de Chile tiene que llegar a la salud de los chilenos.

 

Dije en mi campaña presidencial que mi gobierno sería firme en el castigo a los delincuentes. Reitero esa advertencia: ¡no estoy dispuesto a permitir que las familias chilenas se sientan amenazadas por unos pocos elementos que han errado el camino en la sociedad! ¡No estoy dispuesto a que nos quedemos con los brazos cruzados ante asesinatos tan atroces como los cometidos en las últimas semanas y que han llamado la atención de todo Chile!

 

Hemos hablado mucho sobre esto. Algunas entidades privadas, como la Fundación Paz Ciudadana, han hecho grandes contribuciones. Ahora vamos a consolidar una Política Nacional de Seguridad, con metas y plazos claros, basada en una alianza entre la comunidad, las policías y los poderes políticos nacionales y locales.

 

La alianza contra la delincuencia supone un esfuerzo compartido: la policía tendrá mejor equipamiento y mayor dotación, pero deberá revisar su eficiencia para detectar dónde puede mejorar; los municipios tendrán más recursos y atribuciones, pero deberán trabajar también codo a codo con las policías para lograr una acción permanente y focalizada; los vecinos tendrán financiamiento para sus proyectos de recuperación de espacios públicos y para crear comités de vigilancia, pero deberán comprometerse a rechazar el desorden y la impunidad en sus vecindarios.

 

Cuando todos nos unimos y la gente ocupa sus calles, pasajes, plazas y multicanchas, los delincuentes no tienen cabida en el espacio público y la droga se bate en retirada. No queremos ver una ciudad llena de rejas; no queremos ver a las familias chilenas retrocediendo hacia el fondo de sus hogares; no queremos ver a nuestros jóvenes amenazados por el narcotráfico y deambulando sin tener un espacio donde desarrollar su actividad. ¡Queremos ver a una sociedad unida en la preservación de su seguridad y eso es lo que nos proponemos!

 

Para ello, valoremos en lo profundo la reforma que este Parlamento ha introducido en el ámbito judicial.

 

Con el nuevo tipo de juicio criminal, con plenas garantías para víctimas e imputados, con procesos más cortos gracias al juicio oral y público, y con un Ministerio Público que investiga, lograremos castigos más eficaces contra los delincuentes, incluyendo una cadena perpetua efectivamente perpetua.

 

Con la misma firmeza quisiera reiterar que es obligación de todos los ciudadanos de Chile acatar las decisiones judiciales. ¡En esto no debe haber excepciones!

 

A propósito de procesos referidos a sucesos del pasado reciente, se han levantado voces que pretenden que los tribunales incurran en consideraciones políticas. Incluso algunas han requerido la intervención del Poder Ejecutivo. Yo comprendo las aprensiones que deben sentir algunos sectores por ciertas investigaciones o resoluciones judiciales en curso. Pero quiero decir hoy, con meridiana claridad, que mi Gobierno no interferirá en las decisiones de los Tribunales de Justicia, porque ello atentaría contra las bases de la República.

 

El fin de la transición comienza por aceptar este principio y no por vulnerarlo. El fin de la transición comienza por acatar los fallos de los tribunales. Cualesquiera que sean los resultados de esos fallos, como Presidente de la República exigiré el acatamiento a la independencia y a los fallos del poder judicial.

 

La independencia de los tribunales es uno de los pilares del Estado de Derecho. Los chilenos y chilenas han sido testigos de cómo las intervenciones de otros poderes en la labor judicial, ya fuese para desacatar sus mandatos o para obtener fallos favorables mediante la presión, causaron gravísimos daños a nuestra convivencia como Nación en el pasado. El mismo prestigio del Poder Judicial se vio comprometido por las presiones indebidas a que se lo sometió.

 

Por eso, me parece tan importante que nos exijamos todos que la independencia de los jueces sea acatada por todos y cada uno de los chilenos. ¡No podemos permitir que las intervenciones políticas o de otro orden erosionen de nuevo la autoridad de nuestra Justicia!

 

No pretendo, por cierto, y nadie puede en esta Sala, pretender pedirle a los jueces que resuelvan todos los problemas que tenemos pendientes, renunciando a nuestra obligación como políticos y servidores públicos de abordar aquellas tareas que nos competen a nosotros.

 

La Mesa de Diálogo, constituida por civiles y uniformados, es un esfuerzo que valoramos y alentamos, pues refleja el deseo de la nación chilena de reconciliarse y de conocer el destino de los detenidos desaparecidos. Estamos conscientes de las dificultades de su tarea y queremos darle la tranquilidad que requiere para tener éxito. Pero si la Mesa concluye positivamente su trabajo, mi Gobierno apoyará las soluciones que ella proponga al país.

 

Lo digo con claridad: ¡los hijos de Chile que están desaparecidos no pueden seguir en esa condición! Cuando superemos esa situación, estoy seguro de que estarán dadas las condiciones para cerrar las heridas del pasado. Quiero cerrarlas en mi período presidencial.

 

Nos enfrentamos a un drama muy profundo. Pero en el Siglo XIX hubo un drama igual o mayor como la guerra civil del 91 y en un plazo menor fuimos capaces de superar aquello.

 

Excúsenme que lo repita. Soy un convencido de que la diferencia entre el 91 y ahora, es que el 91 todos sabían donde estaban. Y en consecuencia, creo que tenemos que hacer un esfuerzo para ello porque es la forma de poder avanzar. En una democracia las discrepancias son bienvenidas porque implican diversidad y riqueza de un país, pero la discrepancia la aprendemos a canalizar a través de las normas que todos consensuamos. Eso es, después de todo, la Carta Fundamental y lo que me preocupa a ratos es que estas discrepancias, que vienen de una división profunda que hubo, no hay razones para mantenerlas respecto al futuro que entre todos queremos dibujar.

 

Ahora creo que estamos en condiciones de poder dar los pasos para entender que, tras un futuro común, tenemos que ser capaces de deponer una parte de lo que son nuestras posiciones a partir de la división del pasado. Eso es lo que sinceramente espero hacer en estos seis años como Presidente de Chile y entiendo que ese es el mandato que recibimos los dos candidatos más votados en la elección presidencial.

 

Conciudadanos y conciudadanas del Senado y de la Cámara de Diputados:

 

Como lo he señalado muchas veces, mi Gobierno quiere poner su vista en el futuro. Tengo la convicción de que es en la educación donde se juega el futuro de Chile.

 

Y por eso me imagino para el 2010 una educación donde ningún joven abandone la enseñanza media porque hemos generado las modalidades y los instrumentos para terminar con la deserción en la enseñanza media, donde todos dominen los conocimientos más revolucionarios en ciencias, matemáticas o humanidades, hablen fluidamente el inglés y naveguen libremente por Internet. Sueño con una educación igualmente buena en una escuela municipal muy modesta allá en el sur o en el mejor colegio privado del barrio alto de Santiago.

 

Imagino también al alumno que, con el mejor puntaje de la prueba de Aptitud Académica, opte por entrar a una carrera de pedagogía porque todas nuestras profesiones tienen el mismo nivel en nuestra sociedad.

 

Con esa visión, vamos a ampliar la cobertura parvularia en 120 mil cupos más, para acoger especialmente a los hijos de madres trabajadoras y jefas de hogar. Nos proponemos, en el sexenio, llegar a 12 años de escolaridad promedio, con todos los alumnos educados en el uso del computador e Internet, con todos los profesores capacitados en su uso y con todos los jóvenes dominando un inglés básico.

 

Vamos a alcanzar la meta que señalamos en la campaña: que ningún joven quede al margen de la educación superior por razones económicas. Ampliaremos el crédito fiscal a los institutos profesionales y a los centros de formación técnica. Agregaremos un subsidio al crédito fiscal para todos aquellos egresados que se instalen en las regiones en tareas de desarrollo local.

 

Queremos avanzar en ciencia y tecnología. Todos sabemos que en los países desarrollados se destina alrededor del 2,3 por ciento del Producto Interno Bruto a Investigación en ciencia y tecnología. Chile está lejos de esa cifra: un 0,6 un 0,7% por ciento en ciencia y tecnología. Tenemos un científico por cada 1.000 personas activas; en el mundo desarrollado hay un promedio de 5 científicos por cada 1.000.

 

Esa es la enorme brecha que tenemos, en la cual debemos empezar a trabajar. Por eso he dicho que, en mi Gobierno, vamos a doblar los recursos en ciencia y tecnología hasta alcanzar una cifra superior al 1% del Producto Interno Bruto como forma básica de poder abordar esta importante tarea. Y lo tenemos que hacer de tal manera de asegurarnos que, este tremendo esfuerzo, llegue a todas las regiones del país, no sólo a las principales universidades en los principales centros de nuestras regiones más importantes.

 

El segundo pilar para construir esta nueva época es integrar a Chile. Esto es el respeto y dignidad para las regiones, ciudades más bellas, más amables y menos contaminadas y el reconocimiento de nuestra diversidad a través de la incorporación plena de los pueblos originarios. Integrar en toda su extensión.

 

Faltan reformas sustantivas para acelerar la descentralización. Estoy seguro que, con este Parlamento, vamos a dar los pasos fundamentales para enfrentar este desafío. Y por eso, como lo dije en la campaña, en el marco de la reforma de los sistemas electorales propondré al Congreso la elección directa de los consejeros regionales mediante sufragio ciudadano.

 

Continuaremos aumentando la inversión de decisión regional, hasta llegar al menos a un 50 por ciento del total de la inversión pública en el 2006, junto con descentralizar la inversión con impacto local. Seguiremos desplazando funciones a los municipios y aseguraremos también el buen desempeño de las finanzas municipales. Modificaremos la ley de rentas municipales para disminuir las inmensas brechas de recursos entre municipios ricos y pobres.

 

Esta es una tarea indispensable para integrar mejor.

 

Y de igual manera, quiero que todos nos comprometamos a dar cuerpo a la Región Internacional de Chile: la que forman los más de 800 mil compatriotas que viven en el extranjero. Espero que antes de la próxima elección presidencial cuenten, como cualquier chileno, con derecho a sufragio para decidir los destinos del futuro Presidente de Chile.

 

Necesitamos integrarnos físicamente en el territorio. A la extensa red de caminos de 80 mil kilómetros, necesitamos mejorar la calidad de los mismos y llevar a estándares de pavimento a lo menos 13.000 kilómetros adicionales de esta red.

 

Nos proponemos conectar todas las capitales comunales con las provinciales a través de un camino pavimentado. Es un tremendo desafío y lo vamos a conseguir.

 

Consolidando la doble calzada La Serena-Puerto Montt, vamos a mantener nuestra exitosa asociación con la inversión privada para mejorar otros tres tramos: la Serena-Caldera, Caldera-Antofagasta y Antofagasta-Arica. Ampliaremos a doble calzada los caminos que unen Cartagena con Algarrobo, Los Andes con los puertos de la V Región Norte y Pelequén con San Antonio, en el camino de la fruta.

 

Continuaremos con la Carretera de la Costa, haciendo el tremendo esfuerzo por unir Pisagua con Taltal, desde Caldera hacia La Serena por el norte y Papudo con Valdivia por el sur. En la Ruta pre cordillerana avanzaremos en el tramo Aguas Verdes- Copiapó y Visviri hasta San Pedro de Atacama; y en el sur, en la Ruta Interlagos, que conecta Curacautín con Puerto Varas.

 

En el ámbito de las rutas internacionales, al final de mi Gobierno espero haber llegado a pavimentar un total de nueve pasos con Argentina de los cinco que hasta ahora tenemos.

 

Duele decirlo, pero no estamos orgullosos de nuestras ciudades. Tenemos ciudades hermosas, pero las hemos contaminado, descuidado e incluso convertido en laberintos de congestión que parecen ahogarnos.

 

Quiero invitarlos a que hagamos un tremendo esfuerzo para llegar al Bicentenario con ciudades más bellas, menos contaminadas, más expeditas, dignas, amables y cultas.

 

Hace 100 años, a lo mejor la tarea era más fácil, pero los recursos menores. Pero en todas las ciudades de Chile nos propusimos hacer obras que dejaran el sello de un pueblo que entendía que, a través de ellas, signaba el progreso de su región, de su terruño, de su ciudad. Ahí están las obras que se hicieron.

 

Yo quisiera que ahora, pudiéramos trabajar en algunas de nuestras ciudades más hermosas. Quisiéramos que aquí, en Valparaíso, con su enorme valor urbanístico, arquitectónico, cultural, turístico y portuario, trabajáramos en un plan para su recuperación integral. Antofagasta requiere recobrar su perspectiva de fachada marítima. Arica e Iquique y Puerto Montt y Punta Arenas, se han perfilado como puertos de cruceros y vamos a respaldarlos en ese esfuerzo.

 

Queremos descontaminar el Gran Concepción y recuperar las aguas a lo largo del río Bío Bío. Vamos a intensificar el mejoramiento urbano de San Antonio para acentuar su ya ganado perfil de centro de servicios. Temuco, Copiapó y La Serena requieren con urgencia planes de infraestructura vial y de transporte. Afrontaremos los crecientes fenómenos de congestión en Rancagua, Curicó, Talca, San Fernando y Valdivia.

 

Para Santiago tendrán prioridad aquellos proyectos que contribuyan a descontaminar y descongestionar. Renovaremos el barrio cívico, generaremos subcentros de actividades que racionalicen la estructura de viajes y la introducción del gas natural comprimido en la locomoción colectiva.

 

Sobre esto último quisiera añadir: no es posible descontaminar si los santiaguinos no estamos dispuestos a cambiar nuestras prácticas. No son las leyes ni los planes los que contaminan o dejan de contaminar: somos nosotros, en nuestra actividad diaria. Si queremos respirar limpio, debemos también vivir limpio.

 

Y porque no decirlo quiero también hacer que la instalación de nuevas industrias en la Región Metropolitana tenga un costo mayor para que estas industrias se instalen en otras regiones.

 

El mundo rural tiene un gran valor histórico, cultural, social y económico para la vida de nuestra Nación. El mundo rural no es sólo agricultura, siendo muy importante la agricultura. La preservación de su identidad de sus raíces está en la esencia del alma de Chile. Preservar el mundo rural es preservar parte del Chile nuestro. Buscaremos, por ello, el pleno desarrollo de nuestra agricultura, de la cual depende la vida del campo chileno.

 

Vamos a propiciar condiciones de competencia justa frente a mercados internacionales fuertemente subsidiados. Cuando corresponda, haremos uso de medidas de defensa comercial según nuestra legislación interna y acuerdos internacionales. Creo en el libre comercio, pero no somos ingenuos frente a los subsidios de los países más poderosos.

 

Por ello, si es necesario mantendremos las bandas de precio, y las perfeccionaremos en el futuro. Apoyaremos a la pequeña agricultura con políticas de modernización y diversificación, reprogramación de deudas a Indap y apoyo del Banco del Estado a la formación de capital de trabajo.

 

Nuestros esfuerzos se concentrarán en las regiones del sur a través de programas de riego, recuperación de suelos, innovación y transferencia tecnológica, apoyo a asociaciones, mejoramiento de la gestión y apertura de mercados.

 

A partir de junio pondremos en operación seguros contra daños y desastres climáticos en la agricultura. Pero, más importante, tenemos que hacer un esfuerzo por la reconversión de nuestra agricultura de Talca hacia el sur para poder lograr, de una manera efectiva, que allí también tengan la capacidad de competir en los mercados internacionales, como compite la agricultura de Talca al norte. No hay ninguna razón para tener dos agriculturas. Queremos una sola, competitiva y eficaz.

 

Pero hay otras áreas en las cuales también tenemos que integrarnos. A pesar de nuestros buenos índices en materia de desarrollo humano, tenemos uno de los más bajos en participación laboral de la mujer: sólo un 36 por ciento. Esto refleja la desigualdad y la discriminación en nuestra sociedad con la mujer, la cual no está plenamente integrada.

 

Tenemos que hacer frente a esta forma de atraso. Necesitamos de toda la energía, el buen juicio y la fuerza que las mujeres de Chile le pueden poner a nuestro futuro. Incorporar a la mujer, mejorar los índices de participación laboral, es utilizar bien la otra mitad de Chile que son las mujeres.

 

Le he pedido al Consejo de Diálogo Social que proponga acciones concretas en este tema y ya está trabajando en adecuar los sistemas de cuidado infantil para facilitar la incorporación de las madres al trabajo; así, los futuros cupos de educación preescolar se focalizarán de preferencia en los hijos de madres que trabajan o buscan trabajo. Les propongo a todos que pensemos cómo adaptar los horarios de trabajo, los sistemas de remuneración y seguridad a la realidad de la mujer.

 

Recuerdo aquí que hace poco unas mujeres que trabajan en un hotel de la Cuarta Región me plantearon: señor, cómo hacemos para preservar nuestra familia si aquí tenemos que trabajar doce horas diarias. A ratos la defensa de la familia no es sólo la defensa de los valores que son tan importantes; también son las condiciones en la cual la familia se desenvuelve. Si hay una baja participación de la mujer es porque, muchas veces, la mujer tiene que optar entre cuidar a los hijos o trabajar. Las sociedades modernas resuelven bien este dilema. Hagamos un avance importante en esta dirección.

 

Quiero decir también que no hay una plena valorización de la mujer si la sociedad no aprecia su papel en la familia. De la calidad de las relaciones familiares depende, en gran medida, la felicidad y el desarrollo personal de todos sus integrantes. Cómo apoyamos a la familia, cómo impulsamos condiciones que favorezcan su estabilidad. Cuando hablamos de integrar mejor a Chile, tenemos que estar buscando condiciones laborales, educacionales, sociales y jubilatorias que permitan a la familia desarrollarse en plenitud.

 

Tenemos una buena retórica en materia familiar, pero la práctica está muy lejos de generar las condiciones para que la familia se desarrolle a plenitud.

 

Quiero proponer a nuestros pueblos originarios que entremos en la sociedad del conocimiento con el estandarte de sus valores, sus costumbres, su arte y su espiritualidad. Lo hago por ellos y por Chile entero. Abordar el tema de las etnias originarias no es sólo un tema de ellas, es un tema que tiene que ver con Chile, con nuestra riqueza, que es nuestra diversidad como Nación.

 

Aquí, a esta tierra nuestra, han llegado emigrantes de distintos sectores. Después del descubrimiento de América, después de muchos otros lugares. Aquí han llegado católicos y protestantes, judíos y libre pensadores; todos han encontrado una forma de entender que la sociedad chilena los acoge en su amplitud. También la sociedad chilena tiene que acoger y respetar la cultura de nuestras etnias originarias para preservar la diversidad de Chile, pues si preservamos esta diversidad, preservamos la riqueza del país.

 

Por lo tanto, la política que me propongo desarrollar respecto de los pueblos originarios, es una política que tiene que nacer de lo más profundo del alma de Chile. No para hacer justicia con ellos, que también hay que hacer, sino para entender que preservar su cultura es lo que nos permite mantener una riqueza mayor como país.

 

Por eso, nuestra voluntad de reconocimiento y reparación hacia estos pueblos no debe confundirse con concesiones infinitas a pequeños grupos que alteran el orden público o vulneran el Estado de Derecho.

 

A tres días de iniciado mi Gobierno, convoqué a la constitución del Grupo de Trabajo sobre Pueblos Indígenas, encargándole la elaboración de un Plan de Acción. Este Grupo de Trabajo, que logró una alta participación de todos los sectores, propuso un conjunto de iniciativas.

 

Mi Gobierno llevará a cabo gran parte de esas propuestas, entre las que destaca una reforma constitucional para el reconocimiento de los pueblos indígenas y la creación de una Comisión de Verdad Histórica a partir de la cual comenzamos a trabajar en hacer justicia a sus demandas.

 

Ha llegado la hora de preocuparnos seriamente por aquellas iniciativas que ayuden a engrandecer el espíritu del pueblo de Chile, el tercer pilar. Para ello daremos un gran impulso a nuestra cultura, avanzaremos hacia una Constitución en armonía con el siglo 21 y promoveremos nuevas formas de participación ciudadana.

 

Chile no tendrá éxito en el mundo global, ni en la sociedad del conocimiento, si no desarrolla su identidad, su creatividad y su sentido de equipo a través de la cultura y el deporte.

 

Hace unos días señalé nuestros principales lineamientos y compromisos en materia de creación y difusión cultural y de preservación del patrimonio nacional.

 

Al finalizar mi Gobierno, espero que en cada región exista la infraestructura adecuada para difundir nuestra creación artística. No quiero que continúen esos monumentos que intentaron construirse después del terremoto de Chillan y que están todavía inconclusos en esa ciudad y en Talca a través de teatros municipales que aún no se terminan.

 

Por ello vamos a definir una infraestructura cultural a lo largo del país, vamos a desarrollar un Programa Nacional de Juventud y Cultura, porque es allí, entre los jóvenes, donde están los Matta, los Neruda, los Arrau y las Mistral de este siglo XXI. Vamos a fomentar el deporte a lo largo y ancho del país, porque ahí están las figuras que nos llenarán de orgullo en el futuro.

 

Sé que hay sed de cultura y deporte en todo Chile. Alcaldes de Chile: abramos los parques al teatro, a la música, a la danza. Directores de escuelas: abramos los gimnasios a la comunidad después del horario escolar, utilicemos esos espacios en beneficio de todos. Rectores universitarios: organicemos conferencias, encuentros, charlas, semanas culturales. Entendamos que universidad es formar gente y abrir espacios a la cultura. Empresarios: pongamos capacidad organizativa, patrocinio, financiamiento en el deporte y la cultura. Así podremos alcanzar éxitos en este campo, en un esfuerzo colectivo de todos.

 

Por eso he puesto la cultura en el centro de las tareas de mi Gobierno, porque creo que, tan importante como el avance material, en un mundo que se globaliza es entender que la cultura es la que nos afinca a las tradiciones permanentes de Chile. Porque quiero preservar la tradición de la cultura de Chile es que tenemos que preocuparnos ahora, ante el desafío global que tenemos por delante.

 

Amigos y Amigas del Parlamento Chileno:

 

Si queremos equiparar nuestro desarrollo económico con nuestro desarrollo humano, debemos enfrentar con madurez las reformas a la Constitución. A comienzos del tercer milenio, ya no se trata de una cuestión de poder, sino de sentido común y modernidad. Necesitamos un orden constitucional que nos interprete plenamente a todos.

 

La Constitución actual tiene 20 años. En este lapso ya ha sido modificada. Ha llegado la hora de someterla a una evaluación global para adecuarla a los tiempos de hoy y darle toda la legitimidad que requiere como norma jurídica superior del Estado.

 

Los chilenos saben que mi Gobierno quiere avanzar en la supresión de los senadores designados y vitalicios y corregir el sistema binominal actual. También quiere perfeccionar el mecanismo de designación del Tribunal Constitucional y transformar el Consejo de Seguridad Nacional en un órgano asesor del Presidente de la República en el ámbito de sus competencias.

 

Asimismo, queremos restituir las facultades presidenciales de nombramiento y remoción de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas y precisar el rol de garantes de ellas, en tanto todos los órganos públicos deben ser garantes de la institucionalidad en sus respectivos papeles.

 

Es urgente hacer más transparente y equitativo el sistema de financiamiento de las campañas electorales, para lo cual ya hemos enviado un proyecto de ley. Pronto tomaremos la iniciativa para tener una inscripción electoral automática y un voto voluntario. Es necesario también mejorar las facultades fiscalizadoras de la Cámara de Diputados.

 

Quiero dejar claro un punto que me parece central: considero estas reformas apenas como un paso para ponernos al día. Estas reformas son más bien las que hemos planteado a partir de la Carta actual, pero creo que pronto será necesario una reforma mucho más profunda, mucho más sustantiva, para ver cómo tenemos una Carta para el Chile del siglo XXI.

 

Quisiera invitarlos a reflexionar sobre este tema e incorporar estas nuevas dimensiones a nuestro orden constitucional; cuando entramos a la sociedad del conocimiento, que pone a nuestra disposición una tecnología que permite formas inéditas de participación ciudadana y una interacción más directa entre representantes y representados; cuando la más modesta de las leyes, en cada uno de los avances que se haga en el Parlamento, puede estar en internet y en la casa de cada uno de los ciudadanos que tengan interés en ello y puedan hacer sus propias propuestas; cuando es posible, a través de un sistema donde la participación sea directa. Cómo entonces abordamos y ponemos al día nuestra Constitución a estos nuevos desafíos que se abren.

 

Habríamos pensado imposible un régimen democrático, voto universal, sin la imprenta y los diarios. Porque existió ese avance, fue posible dar los pasos siguientes en un sistema democrático representativo como hoy lo entendemos. Pero ahora, con estos otros avances, no quisiera que nos quedáramos discutiendo estos temas, que tienen que ver más con lo que ocurrió ayer que con los que miramos al futuro.

 

Y por eso me gustaría, entonces, que nuestros profesores de Derecho Constitucional, reconocidos entre los más brillantes del continente, nos indiquen en qué medida necesitaremos incorporar estas nuevas dimensiones a nuestro ordenamiento jurídico fundamental. Para tener en Chile la primera democracia con el sello del siglo 21, me gustaría que el debate de estos temas los hiciéramos a la altura del desafío que tenemos como país y no quedar simplemente en el debate de aquellos temas que tienen que ver con lo que ocurrió ayer y no con el desafío de lo que queremos construir para mañana.

 

Los chilenos somos el 0.3% de la población mundial. Somos un pequeño país, pero este pequeño país está profundamente implicado con lo que ocurre en la aldea global. El 50% de nuestra producción está vinculada con lo que ocurre en los mercados mundiales. Hay pocos países más integrados al mundo. Pero esta incorporación no puede ser sólo económica y ella debe efectuarse a partir de nuestra propia identidad.

 

Esta nueva época requiere una inserción integral de nuestro país en un planeta cada vez más pequeño e interconectado. Nuestra política exterior y nuestra política de defensa deben orientarse a este objetivo. Chile ha definido una forma de integrarse al mundo. Estos dos elementos, la política externa y de defensa, son herramientas esenciales para la forma en que lo haremos.

 

Históricamente hemos tenido una política exterior sustentada en ciertos principios permanentes: el apego al Derecho Internacional, la intangibilidad de los Tratados, la solución pacífica de las controversias, el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

 

En los últimos años cabe agregar la adhesión irrestricta al orden mundial de los derechos humanos y a los valores de la democracia, el desarrollo social, la equidad de género, el respeto a la diversidad étnica y cultural, la protección del medio ambiente, la apertura económica y el proceso científico y tecnológico.

 

Sin embargo, al definir nuestra política exterior para el siglo XXI, cómo incorporamos el hecho que, por primera vez desde que somos país independiente, hay una sola gran potencia política y militar. Cómo incorporamos el hecho de que hay tres grandes bloques económicos y que, si el 50% de nuestro producto depende de lo que ocurra fuera de nuestras fronteras, nos preocupa más aún tener un orden internacional que está en proceso de rearticularse completamente. Por eso hemos dado prioridad a nuestras relaciones con América Latina y, en especial, con los países del Mercosur. Porque me parece esencial la política exterior y los países la hacen a partir de su realidad regional.

 

En este mundo que se está articulando, si no hablamos con una sola voz, no seremos oídos. Para hablar en este mundo y resolver donde se discuten las nuevas normas, quién las discute, cómo las discute, de qué carácter son en el orden económico y regulatorio internacional. En esta aldea global, quién va a fijar las normas, cómo nos incorporamos en ese debate, como el pequeño país que somos.

 

Este es un profundo desafío desde el punto de vista de nuestras relaciones internacionales y de nuestra política exterior. Está en la esencia de nuestro país. No es indiferente que otros nos digan cómo deben ser las normas medioambientales. Los flujos internacionales de capital que van y vienen que pueden generar crisis como las que acabamos de superar, los acuerdos de Bretton Wood después de la Segunda Guerra, son ya historia.

 

Hoy hay un nuevo debate, tenemos capacidad para participar en él o seremos simplemente meros espectadores. Cómo somos capaces de incorporarnos a esta realidad global ampliando nuestras políticas hacia América, hacia el Asia Pacífico y Europa, avanzando en acuerdos de libre comercio y en ciertos ideales comunes.

 

Queremos sentarnos en la primera fila en el mundo que nace. Esto significa estar dispuestos a asumir responsabilidades en la construcción del orden mundial y regional. Por ello, profundizaremos nuestra participación en las tareas de seguridad globales a través de la presencia en las Misiones de Paz que, bajo el alero de Naciones Unidas, actúan en diferentes regiones.

 

Mi Gobierno continuará decididamente con la modernización de la Defensa Nacional, tras el permanente propósito de preservar la capacidad disuasiva del país.

 

Formularemos un proyecto de Ley Orgánica del Ministerio de la Defensa Nacional que proporcione un marco jurídico acorde con los cambios de la defensa propios del siglo que iniciamos.

 

Creo que debe ser a través del Presupuesto de la Nación que se regulen y asignen los recursos para nuestra defensa, sin perjuicio de contemplar partidas en el mediano y largo plazo para asegurar adquisiciones mayores y planes estratégicos que mantengan la excelencia operativa de nuestras Fuerzas Armadas.

 

Nos proponemos realizar una exhaustiva revisión del sistema de Servicio Militar Obligatorio, que recoja las expectativas de nuestra juventud y las necesidades de la Defensa Nacional; ambas cosas tienen que ser compatibles.

 

Preservando y modernizando la capacidad disuasiva de Chile y realizando una política exterior activa y basada en principios, nuestro país puede ser un actor relevante en este mundo que nace. Eso me parece que es esencial para las tareas que tenemos.

 

En el pasado, nuestras instituciones armadas surgieron como un elemento consustancial al esfuerzo que se hacia para expandirnos y adentrarnos en un mundo como nación independiente, allá en la primera mitad del siglo XIX. Después, como dije en el Parlamento argentino, fue la búsqueda de nuestros países, del asentamiento territorial, lo que llevó a afirmar con tanta fuerza la defensa de nuestro territorio aquí y al otro lado de Los Andes.

 

Nuestras Fuerzas Armadas se prepararon para la hipótesis de conflicto, nuestras Fuerzas Armadas velaron por la defensa de nuestro territorio. Este Parlamento, el otro Parlamento más allá de Los Andes, resolvieron las veinticuatro cuestiones pendientes de límites, a partir del Tratado de Paz y Amistad de 1984.

 

Hoy, entonces, nuestras Fuerzas Armadas más que operar con la hipótesis de conflicto, operan a partir de un país que quiere adentrarse en un mundo que se hace complejo y difícil para nosotros. Como dijo uno de los señores comandantes en jefe en una clase magistral en días pasados, si por algún conflicto bélico el Canal de Panamá se cerrará, el 40% de las exportaciones de Chile no tendrían como llegar a destino.

 

Cómo actuamos en ese nivel. Aquí hay un desafío muy grande que tenemos que abordar desde el punto de vista de la política exterior y de nuestra política de defensa en función del interés superior del país, a través de sus empresarios, de sus trabajadores, para ser capaces de competir en este mundo global.

 

Ese es el desafío principal que nos obliga a plantear una política de defensa y de relaciones exteriores diferente a la que tuvimos en el siglo XX. Cuando hablo de una política en estas áreas para el siglo XXI, tiene que ver con el cambio fundamental que ha tenido la economía y la inserción de Chile en el mundo.

 

Ese es el desafío y a eso los quiero invitar.

 

Conciudadanos del Senado y de la Cámara de Diputados, chilenos y chilenas:

 

En el pasado hemos sufrido inmensos dolores como Nación, que comienzan a superarse lentamente. Secamos nuestras lágrimas, restañamos nuestras heridas, tratamos de enfrentarnos con la verdad, aunque por momentos el sufrimiento fue muy fuerte.

 

Hemos aprendido a respetarnos. Y hemos tenido la sabiduría –y en muchos casos el coraje– para obtener del dolor un propósito común de paz social, progreso económico y estabilidad política.

 

Lo he dicho al iniciar este mensaje: el nuestro será el Gobierno de las reformas. Vamos a concluir las trascendentales reformas que se iniciaron en el gobierno anterior: la reforma judicial y educacional. Para construir la nueva época, avanzaremos en otras siete grandes reformas.

 

UNO, la Reforma a la Salud para tener un sistema que proteja los derechos y garantías de los pacientes;

 

DOS, vamos a reformar las políticas de acceso a las nuevas tecnologías de la información para entrar de lleno al mundo global;

 

TRES, vamos a llevar a término las reformas que modernicen el mundo del trabajo para avanzar en equidad y competitividad;

 

CUATRO, vamos a realizar una reforma fiscal para disponer de un horizonte de mayor progreso y estabilidad;

 

CINCO, vamos a proponer las reformas políticas que necesita una para tener una Constitución en armonía con los requerimientos del siglo XXI;

 

SEIS, vamos a emprender una reforma integral del Estado, incluyendo una mayor descentralización para regiones y comunas;

 

SIETE, les propongo realizar una gran reforma de las ciudades para mejorar la integración y la convivencia de las mismas.

 

Estoy seguro que, juntos, podremos sacar adelante las reformas que debemos emprender para entrar, con la fuerza indispensable, a este nuevo siglo, ampliando los derechos de todos y cada uno de nuestros compatriotas. Es mi deseo trabajar estrecha y lealmente con el Congreso Nacional en esta dirección. Demando y pido el apoyo de todos los sectores.

 

Estoy optimista. Veo una disposición nueva al cambio y a la reforma. Un espíritu de colaboración pese a ciertas turbulencias que son pasajeras. Veo el deseo de aprovechar el momento que vivimos.

 

Hoy los quiero alentar. No temamos actuar. No temamos confiar. No temamos a este nuevo desafío. No temamos a construir juntos nuestra felicidad como Nación. Yo los invito. ¡No temamos a la grandeza!

El 2010, Chile será un país grande, de gente libre como lo soñaron los padres de la patria. A eso los invito conciudadanos del Senado y de la Cámara.

Muchas Gracias

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