LOS DISCURSOS E INTERVENCIONES DE RICARDO LAGOS E, SON DIGNOS DE GUARDAR Y ESTUDIAR POR LOS NUEVOS POLITICOS.

viernes, 15 de agosto de 2008

DEL JUSTO POLÍTICO DE LA RETÓRICA

EL DESARROLLO DEL JUSTO POLÍTICO DE LA RETÓRICA    

El inicio del libro I es una defensa de la Retórica como arte, siendo elevada por Aristóteles a objeto de teoría, distinta a la de aquellos que practican la retórica psicológica, en clara alusión a Isócrates y su escuela, conocida por actuar sobre el sentimiento de los jueces. El Estagirita propugna una retórica que sirva a las "ciudades de buen gobierno", insistiendo en su interés para el ejercicio de la ciudadanía. Por ello trata con cierto desprecio la oratoria forense al uso, por versar de lo externo al asunto -amistad del litigante con el juez, emociones, conveniencias y no contener entimemas o demostraciones, "que son el cuerpo de la argumentación", más acordes con la técnica de la oratoria deliberativa, que califica como "más noble y más propia del ciudadano".

 

Atendiendo al papel de éste, distingue tres especies de oratoria: "forzosamente el oyente es o espectador o árbitro, y si árbitro, o bien de cosas sucedidas, o bien de futuras. Hay el que juzga acerca de cosas futuras, como miembro de la Asamblea; y hay el que juzga acerca de cosas pasadas, como juez; otro hay que juzga de la habilidad, el espectador, de modo que necesariamente resultan tres géneros de discursos en retórica: deliberativo, judicial y demostrativo” Y añade que el fin del discurso para los que abogan en justicia es lo justo y lo injusto, y lo restante deberá ser añadido como accesorio. Sin embargo, la determinación de lo justo y de lo injusto es previa al juicio, y es tarea del legislador para lo general y futuro y del juez para lo particular y presente; y en ninguna manera, como hemos visto, corresponde tal determinación al que pleitea  

 

En la oratoria deliberativa el orador aconseja acerca de lo conveniente y de los bienes y de los males que pueden acaecer. Y conociendo que hay un objeto en función del cual todos los hombres eligen o repudian, la felicidad, Aristóteles la define como un buen vivir con virtud, uno de cuyos elementos es la justicia: "Partes de la virtud son la justicia (...) forzosamente son las mayores virtudes las más útiles para los demás, puesto que la virtud es la facultad de hacer beneficio. Por eso honran sobre todo a los justos y a los valerosos"[41]. Y es en la subsiguiente definición de justicia donde aparece el Derecho: "La justicia es la virtud por la cual cada uno tiene lo propio, y según la ley; y la injusticia cuando tiene lo ajeno, no según ley"¿Queda, pues, unido inseparablemente el Derecho y la virtud, es decir, se confunden el ámbito jurídico y el moral? ¿Es el segundo fuente del que mana el primero? Desde Santo Tomás, así se ha entendido tradicionalmente. Pero recientemente Michel Villey, revitalizador de la doctrina de Aristóteles, ha demostrado que en esta concepción existe cierta autonomía de lo jurídico, basándose en las diferencias entre dikaion (realidad de lo justo), dikaiosunê (virtud de la justicia o reflexión sobre la justicia) y dikaios (conducta justa). Antes de entrar en esta reflexión, es necesario que Aristóteles exponga la teoría de lo justo general y de lo justo particular, relacionable con la dicotomía justo legal y justo natural, que en última instancia es reconducible a la vexatissima quaestio de la polémica nómos-physis.

 

El dikaíon politikón que es tratado tanto en la Etica como en la Retórica es dividido en categorías distintas en cada una de las obras. Mientras que en la primera la justicia política se divide en legal y natural, en la segunda lo hace entre justicia común y justicia particular, y estas distinciones se interrelacionan. A la ley de cada pueblo le corresponderá representar lo justo legal, mientras que la ley común es expresión de la justicia de la naturaleza, pero siempre con respecto a la comunidad política: respectivamente, dikaion politikón nomikón y dikaion politikón physikón; no hay un orden ideal suprapositivo. Todo orden es en Aristóteles real, así que lo justo natural vive en el orden positivo o político junto a lo justo legal. No hay un rechazo del nómos, propio de la sofística, en favor de la physis. Se trata de observar lo justo en la ciudad, que lo será por convención o por esencia. Que lo justo, el Derecho, se haya de manifestar en la ciudad, configura en Aristóteles todo dikaion como politikón, lo que más adelante se llamará ius civile, el de las relaciones entre los ciudadanos o paterfamilias. Quien pretenda situar el ámbito de la ley natural fuera del alcance humano no puede, por tanto, invocar el iusnaturalismo de Aristóteles, basándose en el uso de la palabra "naturaleza". El término se refiere a la naturaleza humana, forma universal de configuración de los individuos, por tanto realidad y no idealidad

 

 Otro criterio muy utilizado para distinguir lo justo legal de lo natural es el de la fuerza, que algún comentarista traduce por Geltungsgrundlage o fundamento de validez , así "natural es lo que en todas partes tiene la misma fuerza, independientemente de lo que al respecto piensen los hombres (...) legal, lo que en un principio resulta indiferente que sea de un modo o de otro, pero, una vez establecido, deja de ser indiferente" Max Salomon reformula la diferencia del siguiente modo: lo justo natural posee una razón de validez que no depende del parecer de los hombres y, respecto de cada problema representa, desde su origen, una posibilidad única de solución; lo justo legal, en cambio, tiene su fundamento en la voluntad del legislador y constituye, contrariamente a lo justo natural, el resultado de una elección entre diversas posibilidades, cada una de las cuales es indiferente hasta que una de ellas es elegida como materia de prescripción.

 

Esta exégesis es interesante por dos razones: en primer lugar, señala la mutabilidad como característica de lo justo en la polis, natural y legal; y por otra, se opone a aquellas interpretaciones que, partiendo de la dualidad del dikaion, pretenden una dualidad de órdenes, legal y natural, de fundamento y validez diferentes, en el que lo natural es el arquetipo inmutable de lo legal. En cuanto a la mutabilidad de lo justo natural, es consecuencia del propio carácter de la naturaleza, máxime si lo natural tiene conexión con la siempre cambiante actividad del hombre.

 

No hay petrificación, sino mayor estabilidad y permanencia en la norma natural que en la norma legal, perteneciendo ambas al conjunto de nómoi que conforman el orden de lo justo político. ¿Cómo sostener que las normas que existen physei, por naturaleza, forman parte de la reglamentación política de la polis? Las teorías iusnaturalistas tradicionales han sostenido que la ciudad se rige por el mandato del soberano, siendo éste justo siempre que sea reflejo de la norma ideal natural, que pertenece a otra realidad, a un orden distinto y superior.

 

A nada de esto conduce la doctrina aristotélica, aunque en algunas interpretaciones sí se adivina la dualidad: "De lo justo por naturaleza Aristóteles declara no quererse ocupar, ya que lo que a él le interesa es el dikaion politikón, lo justo en la sociedad y en el Estado, y éste es solamente lo justo por ley"  Sin embargo, el Derecho y lo justo, que es su hálito constitutivo, se tiene que dar en la polis, y en ésta coexiste la norma natural y la norma legal Sólo hay un orden de realidad, por lo que la dike no se puede encontrar dispersa en mundos positivos y suprapositivos  Con Aristóteles, por tanto, se reconcilian en cierta medida nómos y physis. 

No hay comentarios: