LOS DISCURSOS E INTERVENCIONES DE RICARDO LAGOS E, SON DIGNOS DE GUARDAR Y ESTUDIAR POR LOS NUEVOS POLITICOS.

viernes, 15 de agosto de 2008

CUALES SON LOS DISCURSOS MÁS FRECUENTES:

CUALES SON LOS DISCURSOS MÁS FRECUENTES:

 

Ø  Fúnebres: palabras de pesar frente al féretro donde se enumeran los aportes del fallecido (si los hubo) para la comunidad. La elocución se hará de manera lenta y con varios silencios

Ø  Conmemorativos: en el recuerdo de personalidades o acontecimientos históricos o hechos importantes, se evocan las situaciones previas y consecuencias del suceso o se recuerdan las acciones más importantes del individuo y el beneficio que aportó a la comunidad. La exposición debe atenderse al tipo de auditorio y la ocasión.

Ø  Bienvenida y despedida: (sinceridad y cordialidad) en el primer caso hablar del placer de recibir a la nueva persona y el deseo de buenaventura en las nuevas actividades. En el segundo, contar una anécdota.

Ø  Inaugural: Se elogia a quienes participaron en la organización (conferencia), planificación (curso) y construcción (edificio), reconociéndose el esfuerzo de los participantes.

Ø  Sobremesa: comer liviano para evitar la pesadez postprandial.

Ø  Específico (técnico científico): evítese el uso de matices, pero no de tonos.

Ø  Inductivo: si se tiene que influir sobre un auditorio para que se lleve a cabo una acción, la dramatización en estos casos es imprescindible.

 

Si bien lo expresado por Teun A. Van Dijk, tiende a ser extremadamente práctico, es ese pragmatismo lo que hace que el Discurso pueda tener cuerpo y significado a la hora de ser emitido. Hay que recordar en todo momento que la razón de ser de un Discurso es transmitir un mensaje y ese mensaje tiene que ser claro, sencillo y directo, para alcanzar el máximo objetivo que es comunicar.

 

Para otros autores (destaca María del Rosario GARCÍA ARANCE: La imagen literaria. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1983), la elaboración del discurso, aún siendo determinante, constituye tan sólo una primera etapa de la preparación del acto (y puede que no la más complicada).

 

Cuando se prepara un discurso hay que tener muy claro cuál es su objetivo, qué es lo que se pretende conseguir (informar, motivar, divertir, advertir, etc.). En primer lugar hay que definir el tema de la exposición. Esto puede venir ya indicado por los organizadores del acto (aunque uno siempre podrá darle su propia orientación) o puede que uno tenga libertad para elegirlo.

 

Definido el tema, hay que determinar la idea clave que se quiere transmitir y sobre la que va a girar toda la argumentación. Por ejemplo, se va a hablar sobre el sector educativo en Venezuela y se quiere transmitir la idea de la ausencia de formación en historia y geografía regional.

 

Una vez seleccionada la idea clave, hay que buscar argumentos en los que apoyarla. Para ello lo mejor es dar rienda suelta a la imaginación ("lluvia de ideas") e irlas anotando a medida que vayan surgiendo. Este proceso puede durar algunos días (hay que dar tiempo a la imaginación; las ideas surgen inesperadamente). Una vez que se dispone de una lista de posibles argumentos hay que seleccionar los 4 o 5 más relevantes (y no más). Hay que tener presente que en un discurso la capacidad de retención que tiene el público es limitada y que difícilmente va a ser capaz de asimilar más de 4 o 5 conceptos.

 

Tratar de apoyar la idea clave con muchos argumentos a lo único que lleva es a que el público termine sin captar lo esencial. Una vez que se han seleccionado esos pocos argumentos que se van a utilizar hay que desarrollarlos en profundidad. Se utilizarán conceptos, datos, ejemplos, citas, anécdotas, notas de humor. El discurso se estructura en tres partes muy definidas:

Ø  Introducción (plantea el tema que se va a abordar y la idea que se quiere transmitir).

Ø  Desarrollo (se presentan los distintos argumentos que sustentan la idea).

Ø  Conclusión (se resalta nuevamente la idea y se enumeran someramente los argumentos utilizados).

 

El discurso no tiene por qué ser una pieza literaria, lo que sí debe primar es la claridad. Al ser escuchado el receptor, es decir las personas a quien se le lee el Discurso, no tiene tiempo de analizar detenidamente el lenguaje utilizado, la estructura de las frases, etc. Además, en el supuesto de no entender una frase no va a tener la posibilidad de volver sobre ella.

 

Todo ello lleva, expresa María del Rosario García Arance, y es un aspecto que ya tocamos anteriormente, a que en el discurso deba emplearse un lenguaje claro y directo, frases sencillas y cortas. Hay que facilitarle al público su comprensión.

 

Ahora bien, independientemente del tema que se vaya a tratar, hay que procurar que el discurso resulte atractivo, novedoso, ágil, con gancho, bien fundamentado, interesante. Debe primar siempre la idea de la brevedad; la brevedad no implica que el discurso tenga que ser necesariamente corto, sino que no debe extenderse más allá de lo estrictamente necesario.

 

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