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viernes, 15 de agosto de 2008

CICERÓN: LA PROSA LATINA ELEVADA AL CLASICISMO

CICERÓN: LA PROSA LATINA ELEVADA AL CLASICISMO

Datos biográficos y perfil humano :

En los primeros decenios del siglo I a. de C. Roma vive un renacimiento cultural, especialmente visible en el campo de la literatura, que tiene como una de las figuras señeras la de Marco Tulio Cicerón, al que muchos estudiosos de la literatura consideran digno de dar nombre a la época.

 

Hay que considerar que el siglo I a.c. es de mucha importancia para el posterior desarrollo del Imperio, pues a pesar que ya estaba territorialmente consolidado, con la mayor parte de sus conquistas ya efectuadas, en vida de Cicerón se incorporan dos ricas provincias, Egipto y Galia. Julio Cesar, importante caudillo militar, encabeza estas anexiones, lo que le da gran popularidad y una conflictiva relación con Cicerón.

 

En la personalidad de Cicerón confluyen la cantidad de aspectos y matices que lo convierten en una figura controvertida y desigualmente valorada, pero ciertamente irrepetible. Hombre de acción, pero simultáneamente hombre de reflexión, tiene que ser estudiado como estadista, orador, estudioso de retórica, filósofo, en suma, sabio.

 

Cicerón fue ante todo, un gran abogado. Primero de pleitos; más tarde fue criminalista. Los procesos criminales eran muy populares en Roma y afectaban a la vida política, sobre todo si se trataba de un personaje conocido y una acusación importante. Cuando los encausados tomaban varios defensores, Cicerón se encargaba de las generalidades llenas de patetismo que debían arrancar la absolución por parte de los jueces.

 

Cicerón, efectivamente , fue una gran estudioso, hombre de cultura que destacaba en medio de la pragmática cultura latina. Leía y escribía latín y griego como pocos de su tiempo, destacando asimismo en la filosofía, actividad que desarrolló a partir de los pensamientos de Platón, principalmente, componiendo y difundiendo sus teorías. De energía desbordante, desplegó a lo largo de su vida gran actividad, logrando popularidad dentro de las esferas del poder. Su calidad de persuasión queda demostrada cuando logra que el Senado, contrariado, concordase en la necesidad de dar a Pompeyo gran poder, cuestión de la que siempre se buscó rehuir. El Senado comienza a ver con temor la ascendente autonomía con que se hacen los generales, y por ende, autorizar la libre actuación de un general era una concesión casi inédita para la institución.

 

Marco Tulio Cicerón, fué ante todo un hombre de cultura; inició una nueva etapa, intentando superar los antagonismos entre lo griego y lo romano que habían dividido a los hombres de las letras de la centuria anterior (recuérdese los enfrentamientos entre el Circulo de los Escipiones y Catón el Censor). Buen conocedor y admirador de la cultura griega, pero profundamente romano en sus sentimientos, recoge las ideas del helenismo y las adapta y adecua a la tradición romana. Nació en Arpino, una pequeña ciudad del Lacio meridional, en el año 106 a. de C. Perteneció a una familia de agricultores, de buena situación económica y conocida aunque no patricia. Este origen provinciano, campesino y no patricio de Cicerón explican algunos rasgos de su personalidad. El primero de ellos es su conservadurismo en cuestiones de tradiciones y del respeto a las costumbres ancestrales (mos maiorum), que era mucho más vivo en las ciudades campesinas italianas que en Roma. En segundo lugar, en su carrera política, no teniendo ningún antepasado que hubiera desempeñado magistraturas superiores, Cicerón debió vencer la resistencia que la nobleza romana ponía al desempeño de las máximas magistraturas por alguien ajeno a ella; siendo un "homo novus" ("a me ortus et per me nixus ascendi.."), recorrió todas las magistraturas del "cursus honorum", llegando a desempeñar el consulado y ganándose así el derecho a pertenecer al Senado de Roma. En un gran número de sus discursos se refiere a este hecho, manifestando su legítimo orgullo y mostrando una autocomplacencia que, aunque comprensible, se le ha censurado frecuentemente.

 

Es importante destacar su origen provincial, pues Roma, eje político del Imperio, consideraba que solo ciudadanos romanos eran los indicados para gobernar. Mario, destacado militar que llega a cónsul, nació en la misma ciudad periférica que Cicerón; ambos realizan una activa vida pública en el Senado romano, teniendo que lidiar con los prejuicios y burlas de sus compañeros como bien lo ha señaldo Cruz en un interesante trabajo  [1] Ninguno de los dos pertenecía a la aristocracia – señaló Nicolás Cruz  - que dominada el Imperio, el grupo de los patricios, obstáculo que Mario cruzaba al aludir a su pasado de general victorioso. Pero para Cicerón esto era un tema más complejo, pues a pesar que el modelo de vida pública o cursus honorium imperante exigía haber pertenecido al ejército, combinando la política con lo militar, nunca perteneció a él. Su gran debilidad fue evitar siempre una actividad en tiempos que grandes militares se hicieron del gobierno, tales como Pompeyo y Julio Cesar.

 

Excepcionalmente dotado para la práctica de la elocuencia, su familia lo envía a Roma donde frecuenta a los mejores oradores (Marco Antonio y Licinio Craso) y juristas (Q. Mucio Escévola) de la época. A partir del año 81 comienza a intervenir con éxito como abogado en procesos civiles y penales. En el año 79 interrumpe esta actividad y pasa dos años, del 79 al 77, en Atenas y en Rodas, donde frecuentó las enseñanzas de Milón.

 

De vuelta a Roma inicia su "cursus honorum" desempeñando el cargo de cuestor en Sicilia, al parecer con eficacia y dejando un buen recuerdo entre los sicilianos. Siguió desempeñando regularmente las magistraturas hasta alcanzar en el año 63 el consulado.

 

Entonces, Cicerón,  alcanza su momento político más alto en el 63 a.c.efectivamnete,  al ser nombrado cónsul, cargo anual escogido de entre los senadores cuya función era la dirección de las tropas. Una vez dejado el puesto, volvían a la función senatorial, denominándose procónsules y ejerciendo como administradores de una provincia. En el caso de Cicerón, durante el año de gobierno es cuando desarrolla su idea política más conocida, defendiéndola de Julio Cesar y posteriormente también de Pompeyo, quienes esbozaban un accionar político opuesto a su propuesta.

 

Un episodio, conocido como la conspiración de Catilinia, que lo relata el profesor  Nicolás Cruz ,  es sofocada exitosamente por el cónsul, comprobando la fortaleza política de Cicerón. Su proposición política esencial puede parecer hoy como prudente y criteriosa, pero en su tiempo no tuvo satisfactoria acogida, lo que le valió ser desprestigiado hasta el extremo. Su idea, denominada “Consenso de los Hombres Buenos de Roma” era un acuerdo político entre la aristocracia y el orden ecuestre encaminado, por un lado, a realizar cambios en el modo de administrar el imperio. Y los caballeros, por su parte se comprometían a no apoyar la actuación de los comandantes en el senado. Este acuerdo restablecía el equilibrio y evitaba que los militares se hiciesen con el poder, proponiendo solucionar la crisis imperial a partir de las estructuras ya existentes, es decir, adaptar y modificar el sistema, pero conservando la importancia del senado y el sistema del consulado. Pero a los militares no les convenía resolver la situación desde el mismo régimen, y su oposición al Senado se hace paulatina bajo la dirección de Julio Cesar y Pompeyo.

 

Cicerón, un "homo novus", sin antepasados ilustres, se convirtió, entonces,  en el máximo valedor de la oligarquía senatorial que lo apoyó. Durante su consulado reprimió duramente el intento de Catilina de hacerse con el poder, lo que le valió el titulo de "pater patriae".

 

El momento más difícil en la vida política de Cicerón comienza con la formación del triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. Los triunviros lo condenaron al exilio por algunas decisiones tomadas durante su consulado. Cicerón soportó mal su alejamiento de Roma que duró poco más de un año (de marzo del 58 a Agosto del 57). Cuando las inevitables tensiones entre las dos personalidades fuertes del triunvirato, César y Pompeyo, desembocaron en la guerra civil, Cicerón, no sin vacilaciones, tomó partido, como la mayor parte del Senado, por Pompeyo.

 

Las nuevas provincias – que ya se habían anexado - acentúan la riqueza de romana, y junto con esta acumulación aparecen los primeros escándalos políticos que envuelven al senado. Hasta ese instante los patricios habían mantenido la fama de honradez que prestigiaba la institución, pero un episodio ocurrido una provincia africana, Numibia, desata el escándalo; senadores que ceden ante las tentaciones del oro al debilitar las medidas de control que desde Roma se imponían. Esta situación se hizo costumbre en el resto de las provincias, y el Imperio debe mantener luchas en distintos frentes para poder mantener la paz y estabilidad. El año 107 a.c. se nombró por primera vez en el cargo de cónsul, máximo poder ejecutivo, a un hombre cuyo origen no era aristocrático- Mario- para que diese fin a la crisis, en particular, a la guerra de Yugurta. A lo largo del siglo I se profundiza la mala imagen del senado, lo que generando, a la larga, una situación de ingobernabilidad; el orden senatorial queda superado, no es ya eficaz como modo de gobierno.

 

El triunfo de César, que siempre se portó de forma generosa con él, y su posterior dictadura lo obligaron a dejar la vida pública: desde el triunfo de César en Farsalia (año 49) hasta su asesinato en el 44, Cicerón vive un productivo retiro, dedicado a sus tratados de retórica y filosofía.

 

La gran capacidad oratoria abre puertas a Cicerón, su profesión de abogado le permitió desenvolverse en todo tipo de juicios, realizando discursos que hasta la actualidad son considerados como clásicos dentro del género. Cicerón hace de la palabra un arma eficaz, y su blanco fueron muchos senadores y sus prácticas consideradas incorrectas. Fue siempre un republicano, y como tal consideró correcto la defensa de Pompeyo, en pos de lograr estabilidad marítima, tan importante para el comercio.

 

Pero el paulatino retroceso político experimentado por Cicerón le permitió contar con un mayor tiempo para dedicarlo al estudio y a al reflexión. Es por ello que la mayor y mejor de sus obras se sitúan en sus dos últimas décadas de vida, entre el 63 y el 43 a.c.

 

Escribe profusamente ensayos y discursos, también dedicó tiempo a la filosofía y al intercambio epistolar. Puede destacarse entre sus escritos fundamentales su ensayo referente a los oficios, respecto al orador y acerca de la naturaleza de los dioses.

 

Aprovecha su exilio para dedicarse al estudio y reflexión, convirtiéndolo en una figura ineludible para el estudio del latín y del pensamiento político romano.

 

Puede considerársele una mente que transforma su entorno al destacar principalmente en tres aspectos ha descrito Nicolás Cruz :

1) Creó un tipo de hombre público cuyo modelo fue seguido por los políticos hasta inicios del siglo XX. La vigencia del estadista que reflexiona sobre su acción -no sólo ejecuta y ordena- pensando acerca de la mejor forma de ordenar y gobernar. Cicerón formó esa imagen del político culto, que escribía y teorizaba sobre diversos aspectos de la sociedad, perfil que acompañó a Occidente por mucho tiempo, como baluarte de honradez y ciudadano ejemplar.

2) Fue un escritor magistral, con el mejor latín que nunca se escribió en Roma, caracterizado por su pureza y gran estilo. La belleza que plasma en sus textos enseñaron el latín a miles de generaciones, pues fue objeto de numerosas ediciones. Muchas naciones se educaron en la escritura con el latín ciceriano, que sería sinónimo de excelencia.

3) Es el primer hombre de la historia de quien prácticamente se conoce todo, pues han llegado hasta nosotros la mayor parte de sus escritos, ya que el convertirse en modelo colaboró para que fuese constantemente copiado. Sus textos se acompañan de un extenso epistolario, compuesto por 835 cartas, caso excepcional que permite conocer las diversas discusiones en que se enfrascó como senador. Occidente idealizó a Cicerón hasta que se descubrieron estas cartas en el siglo XIX; hubo muchos que se decepcionaron de su endiosada figura, pero lo cierto es que este hallazgo le permite ser mirado por las generaciones posteriores de modo global.

 

El siglo de Cicerón estuvo repleto de tensiones y cambios; uno de estos es la conformación de un nuevo segmento social, el orden ecuestre o caballeros, que gracias a la prosperidad económica se hacen con fortunas que a pesar de no oponerlos a los patricios, si solicitan cuotas de participación política. Sus demandas son en pos de representación senatorial y una suerte de  “modernización “ del sistema. Esto se oponía a la visión que tradicionalmente tenía el Senado del Imperio, como algo de exclusividad romana, pues la ciudad debía ser siempre la más beneficiada con las provincias, y sólo sus habitantes eran apropiados para administrarlas. El orden ecuestre se enfrenta al senado en sus ansias de poder, pues las elites locales también deseaban interferir en las decisiones. La paulatina incorporación de grupos dirigentes provinciales se inicia en este período, proceso lento pero ineludible. Este nuevo grupo social se hace de una identidad nueva, distinta a la patricia, que se caracterizaba por su sobriedad, en contraste con un orden ecuestre que buscaba manifestar su riqueza. Ejemplo de tales ansias de ostentación son la construcción del mausoleo de Caio Cestio, en Roma, única pirámide de la ciudad, y el gusto orientalizante que las mujeres adquieren al adornar sus cuerpos con elementos suntuosos.

 

Debemos concordar  , junto con el Profesor Nicolás Cruz,  que el siglo I a.c. estuvo lleno de sobresaltos, pues acogió las cuatro grandes rebeliones de esclavos. Espartaco encabezó la de mayor volumen y más sangrienta, en un ambiente de revueltas y matanzas que generó inseguridad. A la muerte de Cicerón, el problema ya amaina y los esclavos son controlados, pero estos movimientos pusieron en jaque la paz del Imperio durante su duración.

 

El tiempo que habitó Cicerón fue uno enrarecido por los continuos estallidos de violencia en las provincias y las irrupciones del sistema social, precipitando una crisis política que acaba en guerra civil.

 

Y Cicerón, hombre de gran inteligencia política y capacidad oratoria, participó activamente de la vida pública romana. Su manejo de las formas y tiempos del discurso eran perfectos, adaptaba el contenido a quién estuviese escuchando sin repetir fórmulas o moldes estructurados. Esta es una característica esencial en su discurso; la no característica o carencia de elementos repetitivos en la exposición. Sabía despertar las reacciones y pasiones del espectador, logrando interesar al público que lo escuchaba.

Cicerón, tenía algunos oponenetes : el principal oponente de Cicerón en la oratoria romana del siglo I a. C. fue Q. Hortensius Hortalus, digno representante de la corriente asiática. Tenía una gran facilidad natural para la elocuencia. Hortensio fue el principal y más famoso  orador de la Roma Republicana hasta que Cicerón le venció en el Pro Quinctio (81 a. C.). En ese momento su estrella empezó a declinar al tiempo que refulgía más la de Cicerón. Se enfrentaron en muchas ocasiones (Verrinas, 70 a. C.) pero más tarde se hicieron amigos y participaron juntos en diferentes causas en el foro. En sus discursos se advertía el uso de divisiones metódicas y recapitulaciones que nadie había utilizado antes que él. Cuando comenzó a fiarse de su habilidad natural y de su elocuencia innata su reputación bajó y quedó en el olvido. No se conserva ninguno de sus discursos.

 

La muerte de César es un punto importante,  lo devuelvolvió  a la vida política en un intento inútil de restaurar la República; entendiendo que el mayor obstáculo para sus pretensiones era Marco Antonio, dirigió contra éste durísimos ataques que quedaron recogidos en sus últimos discursos, conocidos como Filípicas. Cuando se forma el segundo triunvirato, Marco Antonio sitúa en su lista de proscripciones el nombre de Cicerón; fue asesinado por los soldados de Antonio en diciembre del 43, a la edad de 64 años.

 

La compleja personalidad de Cicerón ha sido valorada de forma desigual, siendo grande el número de sus detractores. Si bien es unánime el reconocimiento de sus innegables y excepcionales dotes de orador y hombre de letras, su valoración como hombre y como político dista mucho de ser tan positiva. Efectivamente, Cicerón se nos muestra como un hombre de extensa cultura y de gran elocuencia, pero al mismo tiempo vanidoso, fanfarrón, indeciso y, en algunas ocasiones, falto de la dignidad que se debe exigir a un hombre de su talla política. Como en todas las cosas, habrán diversas y dispares apreciaciones. Tenía grandes cualidades, y algunas muy raras en los hombres de su tiempo: era un hombre honesto en una época de corrupción en que los gobernadores robaban descaradamente en sus provincias.Pero también , fue bueno, paciente, amable, charlador alegre, simpático. Literato sin igual y hombre de estudio, amigo de los libros- como ya se ha dicho - , que hubiera preferido para vivir un momento histórico más tranquilo, se encontró inmerso en varias guerras civiles y golpes de estado. En estas circunstancias no podía triunfar. Pero merece más estima desde el punto de vista moral que su vencedor, César, el gran organizador.Entonces, acá cada cual resuelve conforme a sus estudios. “No era ni héroe ni santo, pero sí uno de los romanos más estimables de su tiempo” (Laurand)

 



[1] Instituto de Historia PUC Corporación Cultural de Las Condes "Cicerón, último republicano de Roma antigua" Nicolás Cruz

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