LOS DISCURSOS E INTERVENCIONES DE RICARDO LAGOS E, SON DIGNOS DE GUARDAR Y ESTUDIAR POR LOS NUEVOS POLITICOS.

viernes, 15 de agosto de 2008

1. TÍTULO: ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DE CONCEPCIÓN

1.      TÍTULO: ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DE CONCEPCIÓN

ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DE CONCEPCIÓN

 

CONCEPCIÓN, 11 de marzo de 2000

 

Hace poco más de cinco horas asumí la Presidencia de Chile en Valparaíso. Ahora estoy aquí, en esta ciudad, para saludarlos a ustedes y a todas y cada una de las regiones de Chile.

 

Desde aquí quiero entregar un mensaje que quede grabado en cada uno de ustedes: el Gobierno que hoy inauguramos trabajará en y con las regiones. Ese es mi compromiso.

 

He hecho la promesa de ser Presidente de todos los chilenos y chilenas. Eso significa estar cerca de cada uno de mis compatriotas, desde los aymaras allá en las alturas del Norte Grande hasta los habitantes de nuestras bases en el Territorio Chileno Antártico, pasando por el pueblo mapuche, cuya cultura se ha desarrollado al sur del Bío-Bío.

 

La sede del gobierno está en Santiago, pero Santiago no es Chile. Es más, Chile es y será siempre un proyecto truncado, que le falta algo, si no hay participación e integración de las regiones. Aquí está también nuestra memoria histórica y sobre todo nuestro futuro.

 

Durante muchos años he recorrido este Chile de norte a sur, de cordillera a mar. Tengo el privilegio de conocer a sus habitantes y a su territorio como muy pocos chilenos lo conocen. Sé que la riqueza anida en cada rincón de Chile. He visto y admiro profundamente la energía y la templanza de quienes viven en regiones, a veces injustamente aislados de la comunicación y del progreso.

 

La comunidad toda está en una estancia en Tierra del Fuego, en un pique allá en Curanilahue, en un pequeño poblado del altiplano, allá en Colchane. Es allí donde se forjan también los sueños de Chile. Es cierto que el mundo ha cambiado, es verdad, pero los sueños del hombre y la mujer permanecen. Están vivos los anhelos de construir una sociedad que dé auténticas oportunidades a cada uno de sus hijos. Está vigente la indignación y el repudio a los actos de injusticia. Siempre la pobreza y la miseria serán males que es preciso erradicar. Siempre buscaremos reivindicar y elevar la dignidad humana para que esos sueños sean realidad.

 

Quiero decir también desde aquí que siento un profundo compromiso con los cientos de miles de compatriotas que viven más allá de nuestras fronteras, a quienes les pido que renueven el vínculo con la Patria que los vio nacer, porque Chile está abierto a todos sus hijos. Está pendiente la tarea de hacer una nueva región de Chile, la región de aquellos que aman a Chile pero que no tienen cerca su territorio, su aire y su mar, aquellos que vibran con Chile, pero que no viven en esta tierra. Mi compromiso es que esos chilenos seguirán siendo chilenos, votarán en las elecciones y serán ciudadanos como cada uno de ustedes.

 

Chile es la suma de todos nosotros, de uno a otro extremo del territorio, dentro y fuera de nuestras fronteras. Si vamos a desarrollarnos como una comunidad orgullosa de sus raíces, con lazos fuertes de solidaridad, necesitamos a todas y cada una de las regiones, a sus provincias, a la comuna, al barrio.

 

Chile ha hecho grandes esfuerzos en los últimos años para descentralizar el país, para extender el desarrollo, para tener electrificación, telefonía, carreteras, aeropuertos. Pero ahora nos proponemos ir más lejos todavía. Nuestro primer objetivo es ensanchar a Chile, incorporar nuevos territorios, uniendo el país por la costa desde Arica a Puerto Montt, extendiendo y mejorando la carretera austral, mejorando el acceso a las ciudades, integrando las regiones, cada una de las regiones con Argentina y los países de América del Sur, uniendo a Chile con el mundo a través del Océano Pacífico, mejorando nuestros puertos, vigorizando las universidades regionales como ésta que aquí nos acoge esta tarde, siendo capaces de mejorar los sistemas de educación y salud, creando nuevas oportunidades culturales, para que aquí también florezcan la cultura, la belleza, la poesía, la ciencia, la tecnología.

 

Pero ampliar a Chile no es sólo un asunto de infraestructura, de puentes y caminos, es también un tema social y cultural. Cada región, cada provincia, cada comuna, todos ellos, cada minoría étnica de Chile, es una fuente de riqueza para la nación. Si están aisladas unas de otras, o marginadas o discriminadas, es el país entero el que está dilapidando su creatividad y su energía.

 

Ampliar a Chile no es entonces uniformar. Al contrario, significa recoger y fomentar su diversidad social y cultural. El compromiso con nuestras etnias originarias no es sólo por ellas, es por todo Chile, porque se enriquece Chile cuando las etnias originarias tienen su lugar, aumentando nuestra diversidad. Son parte de nuestras raíces y de nuestra manera de ser.

 

Queremos que las comunidades regionales y comunales puedan decidir sus propios programas de desarrollo, que existan reales mecanismos de colaboración entre el gobierno nacional, los municipios y los gobiernos regionales, para dar vida no sólo a la visión de la región, sino también a un proyecto integrado de país.

 

Quiero que en cada territorio, trabajadores y profesionales, líderes sociales y líderes políticos, hombres y mujeres, puedan canalizar su potencial creativo de ideas y propuestas en todos los planos. Por eso nominé un equipo de intendentes y gobernadores con los mejores hombres y mujeres del país, que son hijos de sus propias regiones, y he decidido que habrá una vez al mes un gabinete de mis intendentes, paralelo al gabinete de ministros. Chile se maneja desde sus distintos sectores, hay ministros de Salud y de Educación, de Obras Públicas y de Vivienda; pero Chile también se maneja desde el territorio mismo, desde la región. Y por eso habrá un gabinete de intendentes para conocer de primera mano la marcha del país en cada región de Chile, que preserve su diversidad territorial, social y cultural.

 

Y más adelante quiero convocar a los chilenos y chilenas a resolver entre todos cómo elegimos también nuestras propias autoridades regionales. Chile no está completo sin las regiones y, a partir de ahora, las regiones también son dueñas de su propio destino. A eso los invito, amigos y amigas.

 

Y también desde aquí quiero reiterar el llamado que hice el 16 de enero a los jóvenes de Chile. Por eso quisimos simbolizar en estos jóvenes, de una manera muy simple y significativa, la esperanza de la patria que vamos a construir.

 

Hay tanto que hacer, tanto que cambiar. En mi Gobierno se abrirán oportunidades para los jóvenes de Chile, para que ellos también puedan construir y labrar su propio futuro.

 

Ahora, de ustedes depende, en los espacios que vamos a crear, que los tomen en sus propias manos y nos pongamos a caminar.

 

Amigos y amigas de Concepción, chilenas y chilenos:

 

Le quiero decir a todos los que habitan en esta estrecha franja de tierra, y a todos los compatriotas que habitan en el exterior, que espero la colaboración de cada uno de ustedes para hacer un Chile más grande, más unido, más próspero, un Chile donde nace el futuro. A eso los convoco desde esta ciudad, histórica por sus raíces, y que marca un hito en el futuro de Chile.

 

Muchas gracias, amigos y amigas de Concepción, por este recibimiento que me han dado. No lo olvidaré. Éxito, muchas gracias.

 

2.      TÍTULO: DISCURSO EN EL PARQUE FORESTAL AL ASUMIR LA PRESIDENCIA

SANTIAGO, 12 DE MARZO DE 2000

 

Chilenas y chilenos, amigas y amigos:

 

Un nuevo espíritu recorre nuestra Patria. El siglo XXI nos recibe con un sentimiento de unidad y con una perspectiva de renovación de nuestras mejores esperanzas. Ha llegado hoy la hora de ser un solo gran país, una sola gran nación, donde todos nuestros hijos tengan iguales posibilidades.

 

Ninguno de nosotros puede renunciar a la tarea que se nos ha puesto por delante, trabajar unidos para convertir a Chile en la nación estrella del nuevo milenio. Así lo requieren nuestros hermanos, los más humildes, los más postergados, aquellos para quienes la vida es tan dura y tan difícil, los que han sufrido. Y lo requieren sobre todo nuestros hijos, porque deseamos un Chile más desarrollado, más culto, más honesto, más seguro, un Chile mejor, mucho mejor.

 

Desde Arica a la Antártida se escucha el anhelo profundo de un país que quiere levantarse sobre sus dolores, aprender de su pasado para no repetir los errores. Un país que quiere ser más próspero, más equitativo, más libre, más solidario. Un país que quiere elevar su espíritu más allá de las conquistas materiales. Una nación que quiere ser reconocida en el mundo por su capacidad de convivir y de crear, de crear soluciones sobre la base de la inteligencia y de su gente.

 

Este anhelo es el que nos congrega aquí esta noche con la presencia de todos ustedes. Este anhelo es el que ha hecho que en estos días miles y miles de chilenos hayan trabajado espontáneamente, porque les nacía de adentro, para hacer de esta fiesta de la Transmisión del Mando una forma de renovar la esperanza en la Patria.

 

Eso es lo que explica que, a estos miles de artistas a lo largo de Chile, a los que aquí están, les nace de adentro el deseo de decir 'sí, ahora podemos, ahora debemos elevarnos nosotros mismos'. Ese anhelo profundo es el que he sentido ayer y hoy en Valparaíso, en Concepción y en Santiago, donde, al igual que en la campaña, tantas manos, tantos brazos generosos se extendieron para decir 'sí, creemos que es posible, que ahora depende de nosotros'.

 

Por eso digo gracias a los miles que han organizado todo esto, gracias a los cientos de miles que se han movilizado, gracias a los que han hecho posible esta fiesta aquí y esta larga fiesta a lo largo de Chile. Gracias al jazz y al folclore, al taller literario, a los niños y sus juegos, a la plástica, a la belleza y a la poesía, gracias porque hemos sido testigos del nacimiento de un nuevo espíritu.

 

Chile se eleva a la altura de sus mejores días y de sus mejores épocas. Chile hoy se apronta a enfrentar los desafíos de este siglo con un nuevo espíritu y con una nueva impronta.

 

No venimos de la nada. Hemos venido trabajando tanto tiempo. Somos parte de una herencia y de una historia. Ayer recibí las insignias de Jefe del Estado de manos de Eduardo Frei y, antes, él las recibió de Patricio Aylwin. Siento un profundo orgullo de haber sido precedido por esos dos ilustres chilenos.

 

Pero cada Presidente tiene su impronta. El destino quiso que sea el primer Presidente del siglo XXI. Me propongo, con el apoyo de todos ustedes, estar a la altura de los nuevos desafíos que la Patria demanda a cada uno de sus hijos.

 

Mi mandato es claro. Como lo he dicho, seré Presidente de todos los chilenos. Lo que me motiva no es el poder, sino la justicia; no la politiquería, sino la solidaridad; no las apariencias, sino la grandeza de Chile.

 

Mi primera obligación es profundizar la unidad de nuestro país. Voy a defender sin desmayo la seguridad de las personas, de las familias, de la Nación. Protegeré el papel y la independencia de cada una de las instituciones del Estado. La separación de poderes de la cual nos habló Montesquieu será realidad: el Poder Legislativo será respetado y el Poder Judicial hará la justicia que demanda la Patria.

 

Ejerceré sin vacilación la autoridad que ustedes me han conferido, para mantener la paz y la unidad de Chile, fundada en la democracia que hemos conquistado. Pero eso no basta. Chile quiere más. Chile quiere mucho más.

 

Por eso los llamo a emprender nuevos y mayores desafíos. Los chilenos y chilenas sentimos que podemos dar nuevos pasos, y será motivo de profunda frustración si no se encuentra un liderazgo que nos conduzca a nuevas metas. Ese fue el mensaje de los chilenos en la pasada elección. He oído ese mensaje, me hago cargo de él, y ejerceré mi liderazgo para que Chile pueda responder a las nuevas aspiraciones de sus hijos.

 

Hay una amplia convergencia de opiniones. Buscaré los acuerdos necesarios para unir el país en torno al futuro. No se humilla quien busca el entendimiento para hacer más fuerte a Chile. Trabajaremos para producir las convergencias y las haremos realidad.

 

Pondré lo mejor de mí para darle un nuevo impulso a Chile; abrir caminos a la imaginación; premiar el riesgo e incentivar el espíritu; derrotar la burocracia y la resignación; levantar nuestros horizontes.

 

Nada de esto podemos hacer sin los jóvenes de Chile. Propongo hoy desde aquí una alianza a largo plazo con los jóvenes de mi Patria. En ellos está la fuerza y la audacia que necesitamos todos para este nuevo impulso. En la mente de ellos, en sus manos y en su corazón, también nace el futuro. Quiero un Chile atrevido, no acomplejado, con nuevas ideas, con más proyectos que recuerdos, sin miedo a la libertad.

 

Vamos a crecer. Sí, vamos a crecer en forma sostenida y rápida. Los que sepan crear riqueza, tendrán nuestro respaldo. No hay lugar en el Chile de este siglo para el abatimiento o la duda. Llamo a los empresarios chilenos a asumir este desafío sin desconfianzas y sin suspicacias. El Gobierno tiene la misión de estimular y encauzar las energías del país, no de bloquearlas. Cumpliremos nuestra palabra. La iniciativa ganará la partida a la inercia y la burocracia. De esto los chilenos pueden estar seguros. Vamos a agregar valor a nuestros productos. No queremos seguir exportando sólo el rollizo o el cobre en bruto. Vamos a sumar creatividad e inteligencia a nuestras exportaciones. Para esto necesitamos colocar más recursos de nuestro potencial científico y tecnológico y vincularlo al mundo de la producción.

 

Desarrollaremos la ciencia y la tecnología, la imaginación y la creatividad, porque es allí donde se va a jugar el gran partido de este siglo.

 

Nos proponemos que todas nuestras empresas, desde las más pequeñas a las más grandes, desarrollen las habilidades competitivas del nuevo siglo. Insertaremos a Chile en la nueva economía de Internet. Ese es el mundo del futuro. Está al alcance de nuestra mano y lo vamos a conseguir.

 

Consolidaremos los cambios de nuestro sistema educativo, para que todo niño chileno, de cualquier lugar del territorio, acceda a esta nueva sociedad del conocimiento. La educación será tarea central de nosotros.

 

Vamos a incorporar a los trabajadores a este esfuerzo nacional. Dialogaremos con los representantes sindicales; habrá capacitación para desarrollar sus potencialidades y, por cierto, en esta semana, plantearé el seguro de cesantía, que le permita a los trabajadores de Chile afrontar una legislación laboral flexible.

 

Sin relaciones laborales modernas no vamos a ser capaces de dar el gran salto que Chile necesita para mejorar su competitividad y dar mejor calidad de vida a sus hijos.

 

Seamos claros: con la misma fuerza que llamo a unos y otros a las nuevas tareas, llamo a todos a entender que Chile va a progresar con y no contra los trabajadores, con y no contra los empresarios.

 

Por cierto, reformaremos profundamente nuestro sistema de salud, para que tantas familias chilenas no se vean sometidas a la angustia de no tener un respaldo cuando llega la enfermedad. Este país no acepta que la salud sea una mercancía a la cual tiene acceso sólo el que puede pagar. La salud es un derecho. La dignidad de las personas será respetada, y trabajaremos para que todo chileno y chilena sea reconocido en su dignidad y en su derecho a la salud.

 

Me esforzaré por enriquecer nuestra convivencia y reforzar nuestro espíritu de comunidad. La seguridad ciudadana, la calidad de vida, la protección del medio ambiente, serán aquellos de un país que tiene orgullo de lo que entre todos somos capaces de construir.

 

Por eso estamos aquí, en las puertas de este nuevo milenio, para hacer de esta una sociedad mejor y más justa.

 

Respetaremos a todos los chilenos, sin importar sus creencias religiosas. Por ello, con mucho orgullo esta mañana participamos en un Te Deum ecuménico de católicos y protestantes, musulmanes y judíos, todos juntos, en la convicción que nuestras creencias responden a la intimidad de nuestra alma y nuestra conciencia. Todos juntos haremos una Patria donde la diversidad de nuestras creencias o la diversidad de nuestros orígenes, o la diversidad de nuestras etnias, es la diversidad que nos enriquece como Nación y donde todos tienen que ser respetados.

 

Pero con la misma fuerza quiero esta noche solemne invitar a enfrentar con dignidad y con entereza, a través del diálogo y del respeto a las instituciones y al Estado de Derecho, lo que todavía tenemos pendiente en materia de derechos humanos.

 

Quiero invitar a todos los chilenos, también a la oposición, a buscar acuerdo en torno a las reformas políticas sobre las cuales hubo un amplio consenso en las recientes elecciones presidenciales, para tener una democracia viva y participativa. Queremos instituciones en torno a las cuales los chilenos estemos todos de acuerdo. Nunca en nuestra historia habíamos tenido la situación de hoy, donde tantos chilenos no aceptamos una institucionalidad que no es justa, que no respeta a las mayorías, y en donde hay todavía enclaves autoritarios que impiden la plenitud de la soberanía nacional.

 

Conozco y he escuchado muy bien las demandas de la gente. Ahí están el desempleo y la educación, la salud y la vivienda, la seguridad ciudadana y la infraestructura, la educación y el medio ambiente. Pero ninguna de estas tareas –que son urgentes, y a las cuales voy a abocarme y a resolverlas con el concurso de ustedes– es obstáculo para no resolver las tareas pendientes de un Chile que no está a la altura de su historia, que no está a la altura de lo que hemos construido en el pasado. Esta Nación, que fue un orgullo por su democracia, debe ser capaz de ponerse de pie y de tener una Carta Constitucional que sea orgullo de todos nosotros. A eso los invito.

 

¿Por qué, por ejemplo, no aprobamos ahora dos modestas disposiciones: que todos automáticamente a los 18 años queden inscritos y sean ciudadanos, y el que quiere votar, vota? ¿Por qué ahora no dirigimos la mirada más allá de nuestras fronteras y reconocemos a tantos chilenos y chilenas que nos miran, que quieren a Chile, que no viven en esta tierra, pero que también quieren votar?

 

Por ello, enviaré al Parlamento un proyecto simple y directo, para que voten aquellos que aman a Chile y que miran a Chile desde lejos. Es justo. Lo haremos. Invito a todos que me acompañen y a la oposición que me dé la mayoría, y los hijos de esta tierra, que aquí nacieron y que viven fuera, podrán ser ciudadanos y votar también.

 

Como dije ayer en Concepción, vamos a profundizar los procesos para descentralizar a Chile, porque Chile será una comunidad trunca si no participan y se integran cada una de las regiones.

 

Le pido a todos mis compatriotas: por favor, no le tengamos miedo ni a la verdad ni a la libertad. Aquí, donde está culminando esta fiesta de la democracia, aquí, donde gracias a cada uno de ustedes hemos podido hacer esta fiesta de la cultura de Chile, digo: la otra clave en el futuro será lo que hagamos en el ámbito de la cultura. La cultura es la fuente de la curiosidad que nos hará creativos y audaces. A través de ella reconocemos nuestra identidad de chilenos. La cultura nos hace sentirnos parte de un destino común. Allí está, en la promoción del arte. La cultura no es un gasto, es una inversión.

 

Lo que hemos visto hoy, este parque abarrotado en cada una de las funciones que había, lo que hemos visto en las 27 ciudades de Chile, lo volveremos a repetir, lo haremos una y mil veces, y Chile volverá a crear, volverá a sonreír, volverá a ser capaz de mirarse a lo más profundo del alma nacional, para que de allí surja el nuevo Chile, el Chile del siglo XXI.

 

Por cierto, junto a ello seguiremos profundizando nuestras relaciones con las naciones hermanas, colocando en primer lugar a América Latina. Se hace política internacional desde lo que somos. Desde esta América nuestra, América india, América España, América Europa, desde los valores comunes, desde aquí haremos nuestra política exterior y seguiremos avanzando para que este pequeño país sea capaz de participar de los desafíos de un mundo que se abre y que no será nunca más ni ancho ni ajeno. Será nuestro mundo, en donde este país, afincado en sus raíces y en su cultura, podrá volver a caminar con la dignidad de aquellos que han sido capaces de organizar una sociedad y representar a un Chile que genera la dignidad, la altivez para cada uno de sus hijos.

 

Por eso expreso hoy mi gratitud a los visitantes que nos han acompañado en estas fiestas, a tantos de ellos con quienes soñamos que era posible abrir un espacio a la libertad. Gracias, amigos de más allá de nuestras fronteras. Por ustedes, por lo que ustedes nos dieron, hoy estamos aquí para soñar el futuro de Chile.

 

Chilenas y chilenos:

 

Tengo una profunda fe en el Chile que viene. Una sociedad austera, donde la sobriedad tenga más valor que la opulencia y la riqueza que a ratos ofende. Una sociedad donde la humildad y el trabajo en equipo premien más que la prepotencia y el individualismo. Una sociedad donde la solidaridad sea más valorada que el egoísmo, donde la corrupción sea combatida en todas sus formas y en todos sus niveles. Una sociedad, en suma, que no viva de las apariencias, donde el chileno sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. La dignidad está primero.

 

Un país que desarrolle con fuerza lo que más tiene, la fuerza de la solidaridad, la solidaridad que nace ante la catástrofe y el infortunio. Ahí vemos cómo, desde lo más profundo del alma nacional, brota ese Chile solidario. Pero que no sea sólo para la catástrofe, el temporal o el terremoto. Que sea nuestro ejercicio cotidiano. Los valores profundos que nacen de lo más adentro de nosotros mismos. Ese es el Chile que vamos a construir.

 

¿Cuánta energía se ahorra cuando las tareas se emprenden con un espíritu solidario, en común y con el esfuerzo de todos? Aquí digámoslo: es la mujer nuestra la que más sabe que nuestros problemas se enfrentan con solidaridad, en cooperación, todos juntos.

 

Una comunidad nacional basada en la confianza de sus hijos, confianza en la familia, en los vecinos, en el barrio, en los contratos y en los acuerdos, en las instituciones a todos los niveles.

 

Tener confianza es otra de las riquezas básicas de nosotros como país. Pero la confianza, mis amigos, exige transparencia. La confianza exige franqueza, decir las cosas como son. Tener confianza significa no tener miedo al disenso, no tener miedo a que podemos disentir civilizadamente, con respeto por la opinión ajena. No tenemos por qué pensar todos igual. Por el contrario, la humanidad avanza a través de distintas visiones, a través del disenso que se sabe encauzar.

 

Tenemos que fomentar la libertad para criticar, para conversar, para representar inquietudes y dudas. No tengo miedo, como Presidente, que se me critique por lo que hago o que se me critique mi gobierno. Eso forma parte de la libertad que hemos conquistado.

 

Las instituciones tienen que ser cada vez más transparentes. No tener miedo al disenso es parte de nuestra riqueza como país.

 

Queremos una sociedad abierta y plural, equitativa para todos, en donde los Nerudas y las Mistrales que están por allí dispersos, en el polvo del norte o en los fríos del sur, puedan desarrollar todas sus capacidades hasta el límite de sus fuerzas. Ese tiene que ser el sentido profundo de nuestra acción.

 

Amigas y amigos, chilenas y chilenos:

 

Esta es mi visión de Chile. Éstas son las obligaciones que me he propuesto como Presidente de la República. Las asumo hoy con optimismo y entusiasmo, rodeado de la fuerza y el cariño que se manifiesta en la forma en que ustedes nos han apoyado y acompañado. En tan buena compañía, aquí, con la flor y nata de este Chile nuestro. Las asumo con la certeza que de nosotros depende ahora poder alcanzar cada una de estas metas.

 

Después de los dolores y de los esfuerzos de tantos que ya no están con nosotros, no tenemos derecho al fracaso.

 

Pero ésta, bien lo sabemos, como en las grandes gestas de la historia, no es tarea de un hombre, no es tarea de un partido o de una coalición de partidos. Es una tarea colectiva, es una tarea de todos los chilenos.

 

Por eso los quiero invitar a construir, todos juntos, este país libre, pujante, solidario, creativo. Los invito ahora, aquí, a cada uno de sus hijos, a estar a la altura de nuestra Patria que nos convoca. Es Chile el que nos llama de nuevo desde lo más profundo. Ahora es cuando, con la libertad recuperada, podemos dar los pasos francos, claros, seguros. Cada uno de sus hijos, ahora, aquí, a construir el Chile donde nace el futuro.

 

Muchas gracias, amigos. A trabajar y vencer.

 

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